miércoles, 20 de mayo de 2009

El genoma: nuestra historia y destino

El Informador, jueves 21 de mayo, 2009.

Tal vez la noticia más espectacular en lo que va del año ha sido la relacionada al descubrimiento del genoma de nuestra raza, hecha por investigadores mexicanos, con lo que podremos empezar a escribir nuestra autobiografía. Esto empezó hace casi una década cuando tuve la suerte de estar en Londres el 26 de junio del año 2000 el día en que Tony Blair anunció que, por primera vez en la historia del hombre, se había completado el mapa de los genomas. Desde entonces, trato de entender qué significa este descubrimiento como si fuera otro nuevo mundo —hacia el interior de uno mismo—, pues ya se conoce el instructivo con el que está hecha nuestra estructura y por eso, vamos a conocer nuestra historia y nuestro destino, pues el genoma humano no es más que un manual de instrucciones con el que se ha armado al cuerpo humano —en esto que es el mecano o lego biológico.

Ese día recorté las páginas del London Times donde venía el retrato del genoma humano empaquetado en 23 pares de cromosomas —23 pares de pequeños cuerpos, en forma de bastones, donde se almacena toda la información genética del ser humano—, de los cuales, 22 están numerados por tamaño y, el par restante, tiene lo que determina el sexo.

Ahora conocemos de qué manera los mexicanos estamos armados y cuáles son los matices que nos corresponden y que van desde los antecedentes indígenas de pura cepa, hasta las mezclas tan bien ilustradas en la Colonia como Las castas, incluyendo a los salta p’atrás, que ya no me acuerdo cómo es que estaban compuestos, pero que suenan a esos hijos bastardos, producto de una extraña aventura.

La buena noticia consiste en que ahora será posible desarrollar una nueva medicina genética para atacar, entre otras, las enfermedades hereditarias y eso, para las nuevas generaciones, es la gran noticia, pues se podrán modificar los genes que en su origen inducen o intensifican ciertas enfermedades como puede ser el alcoholismo o el cáncer. Por fin, los padres no tendrán culpa de haber procreado hijos con defectos marcados por sus antepasados.

La ciencia genética va mucho más allá de la medicina, tal como explica Matt Ridley en Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos (Taurus, Madrid España, 2000), pues el genoma contiene los mensajes secretos del pasado remoto y del reciente, desde que éramos criaturas unicelulares, hasta estos días cuando vivimos en medio del Malestar en la cultura, tal como lo escribió Freud en 1929.

El genoma es un retrato fiel de nuestra estructura, de nuestras características y deficiencias, por eso se podrá leer claramente nuestro destino aunque nos muevan el tapete de lo que considerábamos era el libre albedrío, aunque este concepto pertenece más al ámbito del espíritu que al de la materia y del cuerpo.

Feliz descubrimiento que, además de poder prevenir enfermedades como el Alzheimer, podremos conocer los secretos de nuestra historia corporal desde la prehistoria hasta nuestros días.