jueves, 28 de mayo de 2009

Los infinitos confines del Universo

El Informador, jueves 28 de mayo, 2009.


Tal vez, entre tantas cosas, los arrestos de los alcaldes en Michoacán, la falta de agua en México y el mundo, que es una tragedia y otros asuntos sangrientos y violentos, hemos perdido la capacidad de asombro y, por eso, el viaje tan exitoso del trasbordador Atlantis para reparar y mantener al Hubble “que no es sólo un satélite, sino que representa la búsqueda de la humanidad por el conocimiento del universo”, al que le pusieron la nueva cámara Wide Field Camera 3, que nos ofrecerá una mirada más espectacular de las épocas tempranas del Universo, no le hemos prestado la atención que se merece.

Con la renovación del telescopio —en el espacio desde 1990— podremos ver galaxias en colisión o el nacimiento de algunas estrellas o más lejanos agujeros negros, nebulosas y pulsares. Tal vez ya no somos capaces de detenernos un momento para imaginar lo que debe estar detrás de este viaje espacial: el trasbordador Atlantis salió de Florida, para alcanzar unos 530 kilómetros y llegar justo a su blanco —microscópico, comparado con el universo— y alcanzar a ese pequeño objeto que gira en órbita para iniciar las caminatas espaciales, con toda clase de herramientas y flotando —sin que se les frunza el estómago—, cambiar las baterías e instalar esa nueva cámara para mirar con mayor profundidad los infinitos confines del Universo.

Viaje de una precisión impresionante para encontrar al telescopio orbitando, mientras que la astronauta Megan McArthur desplegaba el brazo de 15 metros del Atlantis para atrapar al Hubble y, una hora después, empezar a realizar las tareas de reparación y renovación como lo habían previsto.

Si a veces nos cuesta trabajo cambiar el foco fundido y preferimos cambiarnos de cuarto para poder seguir leyendo sin tener que cambiar la lámpara, en esta ocasión vimos cómo Michael Good usó el láser en el espacio para determinar con exactitud la distancia y la velocidad de aproximación para no colapsarse con el Hubble para poder darle su manita de gato a ese observatorio que parecía “un hombre viejo —de 19 años de edad— que ha estado paseando por el espacio.”

Durante más de cinco días se mantuvo fijo el Hubble en la parte superior del Atlantis para que los especialistas le colocaran los nuevos instrumentos y baterías, que pesan 208 kilos en la Tierra, pero que, en el espacio, flotan como si fueran unas burbujas ingrávidas.

El comandante Scott Altman informó que "fue un viaje increíble y, ahora, el Hubble puede continuar sólo, explorando el cosmos". No será hasta en el 2014 cuando la NASA planea subir otro telescopio más potente y, en el 2020, mandará una nave sin tripulantes para traer de regreso a la tierra al tan estimado Hubble.

Hemos perdido la capacidad de sorprendernos y darnos cuenta de que el mismo hombre que tiene tantas deficiencias, tiene también la capacidad de desarrollar un proyecto de tal magnitud, que nos podemos asomar al infinito universo para disfrutarlo con la boca abierta.