martes, 12 de mayo de 2009

Nuevos hábitos

El Informador, martes 12 de mayo, 2009.

El producto secundario y la secuela de las medidas sanitarias tomado para evitar que el virus H1N1 se reproduzca, serán los disparadores para que el mexicano aprenda nuevos hábitos y tenga una mejor higiene. El temor de ser contagiado, nos hará ser más cuidadosos, sobre todo cuando estemos en contacto con gente desconocida. Como todo cambio impuesto, al principio lo tomamos en serio aunque no nos guste y, creemos, entre mil cosas, que el gobierno ha exagerado, pues sus efectos no son visibles y así es difícil creer que exista o que en verdad el virus sea tan maléfico.

Cuando nos enteramos que uno de nuestros conocidos lo han internado en el hospital para atenderlo de eso que no se sabe si es una extraña neumonía o qué y tardan en reconocer que se trata del H1N1, entonces, ponemos nuestras barbas a remojar y, los que usaban corbata se la quitan —o la mandan a la tintorería— y, si llegamos, como lo hicimos en la ciudad de México el sábado pasado al Auditorio Nacional, lo hicimos con tapabocas antes de que nos midieran la temperatura y nos hicieran lavarnos las manos con esa gel desinfectante o que usáramos guantes para ver junto con más de tres mil gentes La Cenicienta de Rossini en una transmisión en alta definición, en vivo desde el Metropolitan Opera House con Elina Garanca una bella mezzosoprano (ver foto) en el papel principal —ojala contrataran ese servicio en Guadalajara, pues la experiencia es platónica en el sentido de ver la realidad a través de esas sombras proyectadas en la pared de la cueva o, como ahora, en una pantalla gigante.

Se trató de estar en medio de esta sociedad capitalina que, después de un encierro forzoso, estaba deseosa de asistir a este tipo de espectáculos, cuando la epidemia ya ha pasado a otra etapa —se ve en la curva de Gauss—, para salir del encierro y que dejáramos de viajar alrededor de nuestro cuarto, como lo hizo Xavier de Maestre en el XIX.

Para el domingo observamos que muchos se niegan a usar el tapabocas y uno piensa allá ellos, pues, tienen más posibilidades de contagiarse y así se arriesgan. Sin ser fundamentalistas, ahora nos lavamos las manos varias veces al día, usamos tapabocas en el cine —¡ah!, cómo extrañábamos ir al cine— para ver The Reader, El lector o Una pasión secreta como mal lo tradujeron; si estornudamos, nos tapamos la boca con un pañuelo o con la manga de la camisa, para no regar los microbios ni que se regodeen en su reproducción.

Nuevos hábitos que crearán nuevas costumbres: nos saludamos al estilo japonés, no de beso, ni nos estrechamos las manos, nada, un saludo de lejecitos, con el cuerpo y con las manos juntas, como si rezáramos, para darles la bienvenida y que esto no sea una ofensa, sino todo lo contrario: una muestra de respeto por la salud de los presentes. Ni modo, hay que entender que esto así es y así será de aquí p’ delante.