miércoles, 1 de julio de 2009

Con la música, trasladarse a otra realidad

El Universal, Kiosko, viernes 3 de julio, 2009.

¿Qué es la música? ¿Qué efecto produce? ¿Por qué actúa de este modo? Dicen que eleva la almas. ¡Absurdo, es una mentira! Ejerce una gran influencia (me refiero a mí mismo), pero no eleva el alma de modo alguno. No hace que el alma se eleve ni que descienda, sino que, más bien, la altera. ¿Cómo explicar esto? La música me obliga a olvidar mi existencia, mi situación real y me traslada a una distinta, ajena a mí. Siento cosas que normalmente no siento y entiendo lo que no entiendo y soy capaz de ser lo que no soy en realidad —esto fue lo que escribió Tolstoi (ver foto) en La Sonata de Kreutzer y que viene a cuento porque ayer se inició la temporada de la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) y por eso, podremos probar en la Sala Nezahuacóyotl de la UNAM si Tolstoi tenía o no razón en eso que escribió.

Sí, fue ayer jueves 2 de julio cuando inició la temporada, pues, este año, Carlos de la Mora el Presidente de la Academia de Música de Minería, decidió, por primera vez en la historia de las orquestas sinfónicas en México ofrecer tres funciones a la semana en lugar de dos, para responder así a la demanda de su público y darles la oportunidad a los que salen de fin de semana para que disfruten de un buen concierto y se olviden, por un rato de su existencia. La primera función será los jueves (8 p.m.), seguida de los sábados (8 p.m.), y los domingos (12 a.m.), tres-opciones-tres para escuchar música en vivo para ver si podemos ser lo que realmente somos, como propone Tolstoi.

La programación es una especie de monedita de oro que no tiene por qué caerles bien a todos pero lo que intenta es satisfacer el gusto de un público que cada año asiste a disfrutar de la buena música y no tanto, por satisfacer el ego de sus directivos, como puedo haber sido en otra época.

Este año se programó alrededor de dos aniversarios: los 200 años de la muerte de Franz Joseph Haydn (1732-1809) y del nacimiento de Félix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847), miembro de una generación de románticos. Por eso escucharemos una de las obras —sinfonías o conciertos orquestales—, más representativas de estos dos compositores, entre otras obras más modernas.

A Haydn le decían el Papá de la sinfonías y de los cuartetos y, a Mendelssohn, le debemos, entre otras cosas, la difusión de la obra de Juan Sebastián Bach, su inspiración a los 17 años en una obra de Shakespeare, para luego componer su Sueño de una noche de verano (1826) y otras tantas obras sinfónicas como las que compuso en su corta vida.

La OSM resulta ser una orquesta hecha a la medida que ahora será dirigida por cuatro directores de primera: Carlos Miguel Prieto, el principal; José Areán, el asociado y dos huéspedes: Carlos Spierer y su padre, León Spierer, que es el director huésped honorario.

Por ahí podremos escuchar la versión de Haydn de su Concierto para cello o de la Sinfonía Concertante en si bemol mayor para oboe, fagot, violín y violonchelo antes de cerrar con la gran obra como es La Creación, el oratorio para solistas, coro y orquesta al final de la temporada, junto con otras joyas, como es el Concierto para violín y orquesta de Mendelssohn-Bartholdy o la versión con la pianista Silvia Cappellini para los dos primeros conciertos de este compositor alemán y, de repente, también disfrutar de la música del siglo XX con La retirada nocturna de Madrid (tras Luigi Boccherini) de Luciano Berio y el Concierto para piano y orquesta de Carlos Chávez.

¿Podremos olvidar nuestra realidad y trasladarnos a una distinta mientras escuchamos esta música en vivo? ¿Podremos sentir cosas diferentes a las que normalmente sentimos? Por qué no mejor lo probamos, a lo mejor sí puede suceder. Ya me dirán.