jueves, 30 de julio de 2009

La convivencia de tres culturas

El Informador, jueves 30 de julio, 2009.



Recientemente conocí el proyecto de Daniel Barenboim (1942-), pianista, promotor y director de orquesta, nacido en Argentina que emigró a los Estados Unidos de niño y quien, desde hace una década, fundó, junto con Edward Said (1935-2003), escritor estadounidense de origen palestino que, además, era su mejor amigo, la Orquesta del Diván Este-Oeste, con cede en Sevilla, en esa ciudad donde convivieron durante siete siglos tres culturas: los musulmanes con sus mezquitas, los católicos con sus iglesias y los judíos con sus sinagogas.

La orquesta está compuesta por jóvenes interpretes de Israel, Palestina, Arabia o El-Andaluz y ha resultado una clara demostración y un buen instrumento para demostrar cómo pueden convivir los “enemigo” con la música clásica. Durante los veranos salen de gira ofreciendo conciertos en Europa o en el Medio Oriente.

No puedo dejar de pensar que, entre estos jóvenes, haya historias parecida a la de Romeo y Julieta, ahora en Jerusalén o en la franja de Gaza y no en Verona, como lo vivió Amos Oz antes de la independencia de Israel y que luego lo narra en su biografía o en ese ensayo que es una joya, Contra del fanatismo, donde descubre que el odio es una marca de fuego desde su nacimiento, como era entre los Montesco y los Capuleto.

El proyecto sigue vigente y hace años recibió el Premio Príncipe Asturias. En el 2004, los israelitas le dieron el Premio de la Fundación Wolf de las Artes en Jerusalén. Ese día, Barenboim aprovechó en su discurso para leer algunos de los principios que se publicaron en el Acta de Independencia de 1947. Por supuesto, que la Ministra de Educación lo interpretó como ofensa y se le fue a la yugular al pobre de Barenboim, acusándolo de atacar a Israel y, para los que lo vimos, como muestra de la paranoia y de las dificultades que hay en tocar con el pétalo de una rosa a Israel, convertido en un nudo ciego, imposible de deshacer.

Es increíble el esfuerzo de Barenboim por demostrar cómo los judíos israelitas, los palestinos de Gaza y o los árabes del Ram Allah —de ese pueblo al norte de Jerusalén, en la ribera occidental del río Jordán— pueden convivir. Tal vez para enfatizar su idea, decidió ir con su orquesta a esa ciudad para dar un concierto aunque se implementó una logística complicada por los fundamentalistas de uno o del otro lado. Todo bien, a fin de cuentas.

Es loable lo que ha hecho Barenboim a través de su fundación y con estos músicos. Cuando la gira implicaba algunas ciudades árabes, en donde los israelitas tenían un especie de miedo-tipo-pánico, pues nunca, nunca en su vida habían pisado esos terrenos. Mientras, una violinista de Ram Allah, les mostraba a sus compañeros cómo vivían.

Tal parece que, con la música, es posible la convivencia entre los Montesco y los Capuleto de nuestros días, sin que mueran ninguno de sus integrantes.