jueves, 23 de julio de 2009

Los trapos sucios

El Informador, martes 21 de julio, 2009.

No es de extrañar que haya diferentes opiniones, corrientes y tendencias en cada uno de los partidos políticos. Resulta que así es la vida desde que decidimos hacerlo en sociedad y, si en una misma familia puede haber diferentes modos de verla y de enfrentarla, no digamos cuando hay de por medio una situación de poder o de dinero, donde se declara una lucha y sus diferencias —como la temperatura en la entropía— y, por eso, siempre vamos a vivir en medio de ellas.

No es novedad, pues, que después de las elecciones de julio los partidos expresen sus diferencias sobre la responsabilidad de la pérdida o de la ganancia y propongan ajustar sus plataformas e ideologías para convencer a la sociedad. Los triunfadores, como los herederos, discuten cómo y quién se va a repartir el pastel que ahora para consolidar así sus posiciones y los perdedores, sobre quién tuvo la culpa.

Es notable la carta que mandó la semana pasada Cuauhtémoc Cárdenas al PRD para que la dirigencia restituyera la legalidad interna y pudieran lograr más respeto de sus militantes, así como, pudieran devolverle la confianza a los electores para que vean a ese partido como una —verdadera— opción. La visión de este líder es clara desde que fundó ese partido y que implica la representación de una izquierda moderna y progresista, tal como lo había diseñado.

Uno esperaba que el PRI aprovechara la derrota del 2000 y su ausencia en Los Pinos, hasta ahora de nueve años, para consolidar la ética y esa parte de su plataforma. Pero, todo lo que han hecho es enfriarse en la esquina de la derrota, reconocer su pérdida y volver a organizarse para competir con fuerza, sin haber limpiado de sus filas a esos militantes que son —como declaraba Sor Juana a los hombres en su Soneto—, la razón y la ocasión de lo mismo que culpáis y sin poder reconocer quién es más responsable: si el que pecó por la paga o el que pagó por pecar, como insiste la poeta para aclarar que se trata de luchar contra la arrogancia, pues, en sus promesas parece que se ha juntado el diablo, la carne y el mundo.

Por su lado, la reacción del PRD ha sido la de ignorar la propuesta de Cárdenas para volver a fundar el partido que ahora está tan frágil que, cuando mueven sus piezas, parece que están sostenidas con alfileres, pues, fuera de la Ciudad de México, donde tienen comiendo maíz a los ambulantes, los piratas y demás contubernios, el voto se ha ido a los otros partidos o al ejercicio de la anulación.

Las diferencias en un partido demuestran que hay vida —como la entropía política y sus diferentes temperatura— y, no cabe duda, que lavar los trapos sucios en casa, sigue siendo una buena máxima, pero, rechazar una propuesta sin razonarla, ni aprovecharla para tocar fondo en las razones de su derrota, confirma que sólo mantienen su arrogancia en el poder.