martes, 14 de julio de 2009

Saber perder, es ganar

El Informador, martes 14 de julio, 2009.



Debe haber miles de citas que apoyan el concepto de saber perder y que, según dicen, es ganar. Una de mis preferidas es la lección que nos da el tío Henry (Albert Finney) en la película de Ridley Scott, A Good Year (2006), basada en la novela de Peter Mayle, con el guión de Marc Klein, en donde su sobrino Max (de niño, Freddie Highmore y de grande, Russell Crowe) va a recibir la herencia del Château La Siroque en Aix-en-Provence, un especie de paraíso perdido y, mientras lo recorre, recuerda escenas cuando iba de vacaciones de niño y jugaba tenis con su tío en una rústica cancha de arcilla.

En esa escena sabemos que el tío Henry ha ganado el match point a su sobrino Max, pues había hecho un saque As y que por eso Max está enojado pues perdió y hace muina y, de pasada, le reclama a su tío que se regodea de su triunfo.

— ¿Por qué no festejas Max? —le pregunta el tío Henry.
— ¿Cómo que por qué no festejo? ¿Qué no sabes que perdí? —le contesta molesto Max, pero, el tío con toda calma y como hombre experimentado y sabio que es, aprovecha la ocasión para explicarle:
— Max, un hombre debe ser responsable y debe hacerse cargo de sus derrotas con la misma dignidad con la que festeja sus victorias. ¡Vamos, Max, baila una giga, anda, baila para tu tío Henry!

Y Max, obedeciendo, pero sin aceptar en el fondo de su alma la derrota, se pone a bailotear, sin ganas, tal como lo podemos imaginar.

— ¡Sí! ¡Perdí, perdí! ¿Genial, no? —dice mientras hace como que baila.
— Max —le reclama su tío— no tiembles como italiano —le dice, al ver cómo estaba bailando.

Y cuando los ánimos se calman, el tío Henry le dice una de estas máximas:

— Un día Max, entenderás por qué un hombre no aprende nada cuando gana y, sin embargo, sabe que detrás de una derrota hay mucha sabiduría. Por lo pronto, uno aprende que ganar es más agradable, sí, pero también aprende que, de vez en cuando, perder es inevitable, aunque es importante no acostumbrarse a hacerlo.

Y con este diálogo salen de escena y se van al Château a descorchar alguna botella del Coin Perdu, la joya de la corona de las cosechas de esos años.

La obra está llena de consejos —cuál es la clave en la comedia, por ejemplo, o qué hacer cuando encuentra uno algo que vale la pena— y también de dualidades como la vida epicúrea del tío y la espartana de los agentes de bolsa que son capaces de cualquier cosa con tal de desplumar al otro.

Saber perder es ganar y, como pasó el pasado 5 de julio, donde hubo ganadores y perdedores, para estos, la máxima del tío Henry tiene sentido, pues en la derrota se aprende mucho, sobre todo, cuando se sabe hacerlo con la misma dignidad que cuando han ganado.