Todo por una mirada incestuosa

El Universal, Kiosko, viernes 17 de julio, 2009.


¿Qué voy a decirles?, ¿por dónde voy a empezar?, se preguntaba Fedra, la hija de Minos, rey de Creta y de Pasifae, la hechicera, cuando Enone, su nodriza quería saber lo que le pasaba: muero por evitar una confesión tan funesta... estoy poseída por la furia del amor, le decía Fedra -esposa de Teseo, el rey de Atenas- una mujer que se enamoró de Hipólito su hijastro, parido de Antíope, reina de las Amazonas. Desde ese momento, un mal la turbó hasta devorarla y su pensamiento incestuoso lo vivió como si realmente hubiera sucedido.

Fedra es la obra de Jean Racine (1639-1699), una versión ligera de la que escribió Eurípides (480-406 a.C.) como Hipólito, y en este caso es Enone, la nodriza la que se atreve a acusar a Hipólito de abuso sexual, para que Fedra caiga al final de la obra como una más de las fichas de ese dominó trágico, para que el resto se quede en Trecenia —istmo de Corinto, en el Peloponeso— como le pasa a Aricia, la hija del peor enemigo de Teseo y, por lo tanto, amante prohibida de Hipólito, el domador de caballos.

Dicen que a media noche, después de la función, Helen Mirren estaba llorando en su camerino, pálida, sin maquillaje, como si estuviera muerta, mientras le daba de sorbos a su té en el teatro de Epidauro que tiene una acústica perfecta. Había hecho el papel de Fedra en esta obra.

Unos minutos antes se colapsaba en el escenario envenenada mientras corría por sus venas ardientes el veneno que Medea trajo a Atenas, como dice en la puesta en escena del National Theatre de Londres en la versión al inglés del poeta Ted Hughes (1998), realizada poco antes de morir. Filmada y distribuida para 270 pantallas HD en el mundo, El Lunario la cachó en México y por eso la podremos ver el lunes 20 de julio a las 20:00, con subtítulos en español. Dirigida por Nicholas Hytner, está Mirren como Fedra, Dominic Copper como Hipólito y el gigantesco Stanley Townsend como Teseo, el esposo infiel.

Actuar en el teatro de Epidauro doblega a muchos actores, y los actores desolados, se ponen a temblar antes de entrar al escenario abierto al cielo, tal como le pasó a Helen Mirren después de haber actuado en el Lyttelton Theatre del South Bank en Londres, donde la filmaron.

Al mismo tiempo, sucede, como a Mirren en el papel de Fedra, que logra una inmersión total de su personaje, avergonzada después de confesarle a Hipólito que lo ama: y no creas que al amarte me creo inocente, pues el castigo que te hice fue para huir de ti y, por eso, te envié al exilio para defenderme mejor.

Temblando en el escenario desnudo, Fedra voltea a ver el cielo estrellado y se queja con Afrodita: ¿qué no ves hasta dónde me has rebajado y humillado? Tu crueldad no puede ir más allá. Tu triunfo es total; todos tus dardos han dado en el blanco... Esta mañana iba a morir digna de ser llorada, ahora, muero en la deshonra.

Comprendemos por qué Hellen Mirren lloró después en su camerino: había sido una de las fichas de ese dominó donde varios cayeron al suelo. Enone, se arrojó al mar profundo sin saber el por qué de su fatal designio; seguida por Hipólito, castigado por Posidón que realizó los deseos del padre —antes de arrepentirse—, tal como nos cuenta Terámenes: he visto, Señor, he visto a tu desdichado hijo ser arrastrado por los caballos que él mismo alimentó y todo su cuerpo no es más que una llaga.

Le sigue Fedra, envenenada en medio del escenario, sabiendo que los dioses que habitan el Olimpo, también han tenido amores ilegítimos.

Al final, escucharemos los lamentos de Teseo protegiendo a la joven Aricia por la pantalla de HD de El Lunario, en donde podremos ver a esas sombras como una manera genial de ver esta historia.