miércoles, 19 de agosto de 2009

De la cuna a la cuna

El Informador, jueves 20 de agosto, 2009.

Con una resistencia inconcebible, muchas veces como producto de la avaricia de algunos industriales en los EUA y en China, aunado al desconcertante desprecio e ignorancia que hay sobre la relación que pueda haber entre la emisión de ciertos gases (CO2) y el incremento en la temperatura de la superficie terrestre, fuera de los rangos deseables, el próximo diciembre se llevará a cabo una reunión en Copenhagen, para insistir en que se tomen las medidas necesarias para volver a tener las condiciones que se tenían antes que la revolución industrial empezara a cavar la tumba y que la madre Tierra se mantenga lo mejor que pueda, para que las próximas generaciones sean sustentables en lo ambiental, en lo económico y en lo social.

El desconcierto del clima ha llegado a la base y la gente observa, impávida, cómo ha cambiado el clima de varias regiones de una a otra generación y cómo los fenómenos ahora se comportan cada vez más caprichosos, tal como lo observamos en este temporada de aguas que dicen no llegará a ser como otros años. Puede o no ser una coincidencia, pues el clima es impredecible o puede ser parte del maltrato que le hemos dado a la Naturaleza.

Lo que es un hecho es la velocidad a la que se están derritiendo los glaciares la pueden medir y, entre otras cosas, eso hace que aumente el nivel del mar y el clima se vea con nuevos parámetros en las condiciones iniciales y algunas ciudades que se han construido a la orilla del mar peligren de inundarse.

Esta generación está más conciente que las anteriores en este tema integrado como lo “sustentable” o “sostenible”, y que están tomando medidas claras —pocas, pero claras— para tratar de evitar el desastre ecológico, económico y social con el que estamos hasta el cuello, por no haber tenido una conciencia clara de los efectos de la revolución industrial, tal como lo explica William McDonnough y Michael Braungart en su libro Cradle to Cradle (De la cuna a la cuna), en un enfoque original que nos permite entender no sólo el por qué, sino el cómo empezar a remediar el daño que hemos hecho —sin fundamentalismos—, como si tuviéramos una segunda oportunidad —tan deseable en nuestra vida— para deshacer el entuerto y no seguir consumiendo todo aquello que regresamos a la Naturaleza para ahogarla, sino regresar lo que consumimos a su misma cuna para que, sin más ingredientes, vuelva a ser útil, si logramos cambiar su diseño (como propone Bimbo con sus bolsas degradables en 3 o 5 años o los Van’s ecológicos o los celulares Samsung cuyo cuerpo es bioplástico basado en maíz), para que, en lugar de enterrar (de la cuna a la tumba) lo consumido que nunca se reintegra y sólo se acumula o mejor, se reintegre a la Naturaleza aportando vida.

Es una re-evolución para poder caminar felices sabiendo que las siguientes generaciones tendrán un mejor lugar donde vivir si cambiamos lo que producimos.