La mirada puesta en la Cumbre

El Informador, martes 10 de agosto, 2009.

La diosa Minerva —la Palas Atenea de los griegos— con su lanza y la égida —su coraza de piel de cabra—, tiene la mirada puesta al poniente de la ciudad de Guadalajara, tal como lo hace desde hace poco más de medio siglo hacia el Hospicio Cabañas, donde se llevó a cabo la reunión cumbre con Stephen Harper, Barack Obama y Felipe Calderón, los presidentes de Canadá, Estados Unidos y México que llegaron cargando el peso de la crisis que tanta mella nos ha hecho.

Obama a pesar de ser un soñador que desea un futuro mejor, llegó cargando el mayor desempleo del siglo, con casi cinco millones de desempleados en lo que va del año, más la potencial quiebra de varios bancos y de la General Motors, así como de esos fraudes financieros que descubrieron el lado oscuro de la libertad, como los 50 mil millones de dólares de Madoff, condenado para el resto de su vida pero, sin poder recuperar el dinero de los inversionistas que los dejó encuerados.

Canadá llegó agobiado por el oleaje de sus vecinos del sur y después de haber decidido levantar un muro de contención con los mexicanos que ahora necesitamos visas hasta que puedan “encontrar una solución a los problemas que dieron origen a esa decisión” y con algunas heridas sociales, como nunca antes las habían tenido.

México sigue con una guerra frontal contra el narcotráfico, el crimen organizado y, recientemente, contra los ordeñadores del oro negro como principal estrategia que se parece al cuento de nunca acabar. Tal vez por eso Calderón habló con Obama para lograr una mayor cooperación bilateral en contra de la delincuencia organizada que opera en ambos lados de la frontera, pues de este lado lo usan como vía de tráfico y, del otro, lo consumen. La presentación del proyecto para una reforma integral migratoria no es viable presentarla y menos ahora con la crisis, como argumento político para controlar más la inmigración de mano de obra mexicana.

Ojalá el team back de la cumbre haya servido para enfrentar mejor los problemas y las alternativas que sirvan, por lo menos, moralmente hablando para darnos ánimos como son esos dos o tres indicadores que empiezan a mejorar, como son el desempleo, el crédito y el consumo, modestas señales de recuperación que empiezan a darle la vuelta a la crisis, pues no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que los aguante.

Los líderes deberían dar ánimos para seguir en la lucha, pues no cabe duda que somos tres países selectos en la América del Norte, una especie de hermandad, como lo somos desde que firmamos el TLCAN, hace más de una década y que tanto nos ayudó a crecer.

Será para otra ocasión que se esbocen otros horizontes, otros sueños, como los que pintó Orozco en la cúpula con su Hombre en llamas para que vean cómo es que podemos sublimar la realidad y elevarnos ligeros por las alturas.