jueves, 13 de agosto de 2009

Los espacios virtuales y el monstruo de Babel

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 14 de agosto, 2009.
Qué bueno que los Espacios virtuales de Cildo Meireles (1948-) están en la primera sala del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MuAC) del Centro Cultural Universitario, porque de entrada, nos quedamos asombrados de ver cómo el artista brasileño explora las posibilidades del espacio euclidiano y sus tres ejes (X, Y y Z) para lograr sorprendernos —como pretenden hacerlo los artistas conceptuales— y conocer la manera en que pudo crear esos volúmenes utilizando unas cuerdas fijas del piso al techo, para crear tres volúmenes: dos pirámides invertidas, dos planos rectangulares y una mezcla entre planos y pirámides, a los que les damos la vuelta completa —sonriendo, como exploradores que hubiésemos encontrado el Santo Grial— o para meternos dentro de ellos y disfrutar así de la sencillez con la que trazó esos volúmenes -virtuales-, resolviendo un problema tridimensional con unas cuerdas y el aire que nos rodea en el espacio.

Recordamos a Euclides (325-265 a.C.), el padre de la geometría, quien en la antigüedad analizó en Los elementos, las propiedades de las líneas y de los planos; de los círculos y las esferas; de los triángulos y sus conos, es decir, de todas las formas que conocemos ahora como regulares y de sus propiedades en el espacio tridimensional tal como lo estudiamos en la escuela y como Cildo Meireles seguramente lo hizo en Brasil para que muchos años después los convirtiera y transformara en un especie de acercamiento poético como homenaje a la perfección geométrica que Euclides había estudiado.

Cildo es un artista y por eso retoma esos principios para hacer una obra de arte: las cuerdas estiradas con las que juega cruzándolas, forman dos conos o pirámides invertidas en medio del espacio —desde un ángulo, si nos alejamos un poco vemos como si los dos conos fuesen un reflejo espacial— o los teoremas que quedan una vez más demostrados, rompiendo con delicadeza la transparencia del espacio para lograr un perfecto juego de espejos en medio del espacio vacío.

No todas las estrellas del universo de Meireles brilla con la misma intensidad, por eso, nos vamos a ver una que destaca entre el resto como la nueva torre de Babel (2001) construida con cientos de aparatos de radio de todas las épocas (desde 1920 a la fecha) en una muestra arqueológica de eventos, apilándolos en círculo a una altura increíble, encendidos en indiferentes estaciones, creando sólo ruido o la no comunicación.

Tal como se lo propuso Meireles esta Babel está relacionada con el relato bíblico y la incapacidad para comunicarse que es la causa de todos los conflictos de la humanidad. Al llegar nos quedamos helados al ver a ese robot gigantesco, a ese Frankenstein —se me ocurre, tal como lo imaginé— salido de las páginas de Mary Shelley con su novela ejemplar del gótico y que ahora Cildo desde el Brasil y Shelley desde su tumba, disfrutan de haber parido a este nuevo gigante que recuerda los dilemas de la creación, la destrucción de la vida por la audacia del hombre y la incomunicación o simplemente y con gran ingenuidad, la capacidad creativa de Cildo para imaginar esta obra.

El ruido es aterrador y tiene uno la sensación de ser Ulises que enfrenta al terrorífico cíclope Polifemo, con varios ojitos que parpadean. Sí, es una Babel donde todos hablan y hablan y nadie escucha.

Brilla también el Desvío al rojo (1967-1984), una casa en rojo (vermehlo, como dicen en portugués), donde todo es de ese color, muebles, mesas, sillas, objetos, cuadros, inclusive el retrato del guerrillero —clave en una de sus tantas interpretaciones—, pues el rojo nos hace pensar en la sangre, la luz de los burdeles, la guerra y la destrucción o a sus opuestos: la lujuria y el deseo.

No cabe duda que vale mucho la pena esta exposición pues lo real, lo simbólico y lo imaginario se combinan para encontrar su equilibrio.