jueves, 6 de agosto de 2009

Más cerca de la dictadura

El Informador, jueves 6 de agosto, 2009.

Como buena hilandera, Hugo Chávez ha ido tejiendo lo que le permitirá gobernar por tiempo indefinido y ser un dictador todopoderoso, como los que creímos que ya habían desaparecido del planeta, menos el de la isla del Caribe, que está una vez más en una profunda crisis económica.

Desde hace tiempo Chávez ha sabido aprovechar los ingresos del petróleo, más su verborrea y demagogia, para confiscar a la industria y a los medios de comunicación, mientras aprieta a los periodistas y a la oposición, ahora con una nueva propuesta de ley con la que podrá derribar al Estado burgués para que gobierne la dictadura del proletariado como eran las repúblicas y satélites de la URSS hasta 1989, cuando cayó el muro de Berlín y, con ello, todo lo que impedía el desarrollo, la propiedad privada y la libertad de expresión como existen en las democracias.

Ahora, lanza unas leyes ambiguas en su interpretación, para tener el ámbito que le hacía falta y pueda castigar impunemente, condenar y encarcelar a aquellos que, aprovechándose de la libertad de expresión, puedan declarar “hechos” que vayan en contra del Estado o de su Presidente.

Pienso en la minoría pensante de los venezolanos que, impotentes, no han podido revertir el efecto y la estrategia que Chávez ha tejido desde hace años para intentar crear su dictadura, basada en la economía de Estado, con una sola cabeza que siempre “tendrá la razón” y, por lo tanto, no acepta crítica alguna, como en la isla de Castro que, como sabemos, es el modelo a seguir de Chávez.

El Parlamento venezolano tiene en sus manos estas propuestas de ley que le permitirán encarcelar a quien “pueda atentar contra la estabilidad de las instituciones del Estado, la salud mental o la moral pública” o que generen la sensación de “impunidad” o de “inseguridad” entre la población.

Ya sabemos que cuando “vemos al vecino las barbas rasurar”, hay que poner las propias a remojar o todavía mejor, evitar caer en las manos de los demagogos verborréicos que tienen la argucia —y el capital— para comprar votos para tener el apoyo que han necesitado para treparse “democráticamente” en el poder, burlarse de las instituciones y de los principios básicos de la democracia —como es la libertad de expresión— que, aunque sea imperfecta como la que disfrutamos en México, es una de las columnas de la Constitución que nos rige.

Ojala no caigamos como los venezolanos ahora entrampados en la demagogia socialista que deja en el aire, por así convenir a sus intereses, la calificación de lo que signifique “falso” o “manipulado” o “interesado” en las noticias para poder condenar con la cárcel a quien así se exprese.

Por ejemplo, ahí están las denuncias de los lanzacohetes suecos comprados a través de Venezuela para ser entregados a los terroristas de las FARC en Colombia, tal como lo han publicado y denunciado en Bogotá, para que Estocolmo, mientras cobra su cheque, pide aclaraciones a Chávez en Venezuela.