El informe subjetivo

El Informador, martes 1 de septiembre, 2009.

Hace años, el 1º de septiembre era día de fiesta. Luego, simplemente se veía el informe por TV y todos los que tomábamos leche del abundante pecho presupuestal —y que no vivíamos en el error—, estábamos atentos para ver qué decía el Presidente de nuestro sector y qué tanto tiempo le dedicaba como si este fuese tan importante como el rating en TV y la importancia de lo que hacíamos para el futuro.

En realidad el informe resultaban ser un bodrio, una letanía, una cadena de cifras y tareas interminables, excepto cuando revisaba la política o cuando las cámaras de TV paneaban entre los pasillos del poder, mostrando quién estaba bostezando y quiénes eran, en esa ocasión, los invitados especiales.

Al presidente Calderón le ha resultado más difícil la relación con el Legislativo desde el primer día en su toma de posesión, amenazada por la izquierda y las huestes de AMLO, aunque, finalmente, pudo sortear con valor la situación y alcanzaron a ponerle la banda tricolor para salir directo al Campo Marte para dar señales, desde ese primer día, de lo que sería su misión: declararle la guerra al narcotráfico y al crimen organizado.

A partir de este sexenio han cambiado los ritos y ahora se cumple lo que está especificado en la Constitución, entregando un informe por escrito a la comisión que corresponda en el Legislativo recién renovada y luego un reporte a la nación.

Por eso, más que informe formal, lo que podemos elaborar a estas alturas, es un informe subjetivo donde podamos expresar lo que creemos que la gente piensa que se ha hecho durante estos tres primeros años de gobierno y que, tal parece, no habla muy bien de su gestión pues las circunstancias que se han presentado, incluyendo la crisis financiera, la maldita influenza H1N1 y la baja en la actividad industrial, le ha pegado al bolsillo de la gente y aumentado el desempleo —el peor enemigo de todos— y, sin duda, se culpa al gobierno de esos males.

Los éxitos en la guerra contra el narco y el crimen quedan supeditados a la economía y, por eso, los esfuerzos para eliminar el cáncer que se ha instalado en la médula de la sociedad se perciben como secundarios, a pesar que atacan, como nadie antes lo había hecho un problema social de primera magnitud. Pero esos jóvenes no tienen la misma escala de valores y se dejan arrastrar por el dinero fácil para vivir con cierto lujo aunque mueran más pronto que nadie.

Lo demás es lo de menos y por eso lo que mañana se diga que se hizo durante estos tres años está supeditado al concepto subjetivo que tengamos, pues juzga a las medidas propuestas como si no se hubiesen cumplido, por un gabinete que es fiel a su partido más que eficiente en su actividad. Por esto, la impresión que se tiene no es tan buena como debería ser y las consecuencias vendrán con la alternancia en las preferencias electorales.