viernes, 4 de septiembre de 2009

La Sinfónica, errante como cualquier viajero

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 4 de septiembre, 2009.

Con eso de que la sala de conciertos del Palacio de Bellas Artes está en reparación desde hace más de un año y el Teatro Hidalgo no tiene, ni por mucho, la acústica que requiere la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dirigida por Carlos Miguel Prieto, han decidido para la nueva temporada que se inicia esta semana, como buenos músicos errantes, que mejor les convenía instalarse en el sur, sur y ofrecer sus conciertos en el auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (CNA) que está en Churubusco y Viaducto Tlalpan, los viernes a las 20:00 horas y el domingo a las 12:00 horas y, para felicidad de los habitantes de Cuernavaca, Morelos y para los miles de chilangos que pasan el fin de semana en esa ciudad, la OSN estará interpretando el mismo programa los sábados a las 20:00 horas en el Teatro Ocampo de esa ciudad.

Este fin de semana el programa está diseñado para interpretar a uno de los clásicos de finales del XVIII, para avanzar cautelosamente al XIX, para disfrutar dos obras con violonchelo, ese instrumento que tiene un sonido tan cálido, ahora interpretado por Alban Gerhardt, quien inició su carrera debutando con la Filarmónica de Berlín en 1991 y quien luego se ha presentado con más de cien orquestas de todo el mundo.

Para abrir boca y dar por iniciada esta temporada, interpretará el Concierto para violonchelo y orquesta No. 2 en Re Mayor de Franz Joseph Haydn (1732-1809), el maestro de la modulación que siempre despliega pautas y unos silencios que resultan más bien dramáticos, pues tiene unas frases asimétricas que son todo un deleite, sobre todo, porque las ha compuesto con un gran sentido del humor.

Haydn trabajó primero con el compositor Nicola Porpora y luego, en 1759, se fue a trabajar con los Esterházy, una familia de nobles del Imperio Austro-Húngaro, para dirigir e interpretar música de cámara con los miembros de su orquesta o con los músicos de esa familia, como era el príncipe Nicolás que tocaba el violón de bordón. El programa que tenía que cumplir era agotador pero Haydn estaba feliz de poder experimentar algunos efectos para luego incorporarlos en sus obras musicales. Le dicen el padre de la Sinfonía.

Después, tienen programado el Concierto para violoncello y orquesta en la menor Op. 129 de Schumann (1810-1856), compuesto en 1850 y que resulta ser un concierto melódico en su totalidad, con el chelo que siempre destaca en medio de los instrumentos de una orquesta que la usa más bien de manera ligera. Es una de sus últimas obras importantes, antes que empezara a sufrir de esa grave enfermedad mental que acabó con su vida como compositor.

En la segunda parte, Carlos Miguel Prieto dirigirá una sinfonía que, según los críticos, es la más grande que jamás ha sido compuesta. Se trata de la Sinfonía No. 1 en do menor, Op. 68 del viejo Brahms (1833-1897), una obra concluida en 1876 que tardó veinte años en componer, por la sombra que proyectaba ya en ese siglo en pleno romanticismo el sordo de Bonn y la revolución que había iniciado.

Temía meterse en el mismo lugar donde los necios se precipitan y, por eso, en el desarrollo de esta sinfonía podemos apreciar su estructura musical que empieza con un poco sostenuto-allegro, seguido de un andante antes de un movimiento poco allegretto e gracioso, para terminar con uno en donde hay cambios para que el director pruebe las varias señales que le da el compositor que inicia con un adagio piu andante para transformarse en un allegro non troppo ma con brío y tal como son los estados de ánimo con los que nos identificamos, confusos como son en este último movimiento, el viejo Brahms pudo intercalar el buen ánimo para darle un tono alegre y gracioso como el que conocemos y no podemos olvidar en aquella película de la nueva ola que se llamaba Aimais vous Brahms?