miércoles, 9 de septiembre de 2009

Los pasadizos secretos

El Informador, martes 8 de septiembre, 2009.

(Ilustración: la ciudad de Jerusalén)

Regreso a casa después de haber estado en Guadalajara una semana, trabajando y observando la transformación y los cambios que ha sufrido la ciudad, no sólo en el aspecto exterior, sino también en su gente, más que dispuesta a mover el mundo.

Pude ver cómo ha crecido la ciudad y cómo se han desbordado las fronteras que había en mis tiempos para darle cabida a los inmigrantes y al crecimiento mismo de población, que llega a trabajar con nuevas ideas y proyectos, entre ellas, obras de arquitectura monumental que están a la par con cualquier otra obra en el mundo.

También tuve la fortuna de estar en el jardín del poeta y releer lo que ahí sucede entre la magnolia y la trepadoras, así como, reflexionar sobre lo que dijo Amos Oz cuando recibió el premio Príncipe de Asturias hace un par de años, cuando sugiere que, cuando viajamos, es mejor haber leído varias novelas para realmente conocer a la gente: si viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de platicar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás con un montón de fotografías y postales.

Pero, si lees una novela, de entrada, entras a los pasadizos más secretos del otro país y del otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias íntimas. Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás por tu camino. Pero como lector, no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación e incluso dentro de su cabeza. Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho e incluso, al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños...


La literatura es un puente entre los pueblos y la gentes y, es una manera de cultivar el jardín interior más bello del mundo. Amos Oz es judío y nació en Jerusalén antes de la independencia de Israel. Tenía amigos árabes y le tocó vivir en medio del fuego cruzado. Desde siempre, se ha dedicado a promover la paz.

Digo que no hace falta estar en el Medio Oriente para vivir en medio del fuego cruzado como el que se produce por los cañonazos de la envidia, de las críticas destructivas, de los malditos celos, de la discriminación, pero, si leemos novelas, podemos imaginar al prójimo y podemos imaginarnos a unos y otros: imaginar sus amores, los miedos terribles, la ira y los instintos y tal vez, al final del camino, podremos imaginar cómo vivir en paz.