La ópera platónica

El Informador, martes 13 de octubre, 2009.

Desde hace un año que disfrutamos en la ciudad de México de la transmisión en vivo de la ópera del Metropolitan Opera House (MET) de Nueva York, que se proyecta en alta definición (HD) en la pantalla del Auditorio Nacional en donde, para nuestra sorpresa, asisten más de tres mil almas felices los sábados a las 12:00 horas para disfrutar de estas obras como si estuviéramos en NYC. Siempre me preguntaba por qué no se transmite en Guadalajara.

Pero ahora que recién me entero que ya las están transmitiendo en el Teatro Diana, les prometo que me dio tanto gusto saber que tienen la oportunidad de ver estas obras que, en su temporada, pasan en directo esas producciones millonarias que, prácticamente, ningún otro país —por lo menos en América— podría costear, obras que cuentan con un reparto de los mejores, con voces de los circuitos operísticos de primer nivel, con las mejores escenografías y los mejores vestuarios posibles.
Platón tenía razón cuando explicó su “mito de la caverna” en donde aclaraba que la especie humana sólo es capaz de conocer la realidad a través de las sombras que se proyectan en la pared de esa cueva donde las vemos sentados —sin poder movernos— pero que, la realidad-real, se encuentra en otro mundo, en ese que él le llamó “el mundo de las ideas.”

El sábado pasado pudieron comprobar los ochocientos tapatíos que asistieron al Diana, como los tres mil chilangos en el Auditorio que esa teoría es una realidad, pues bien que vimos esas sombras —perfectas—, moviéndose, hablando, actuando y cantando, mientras que en Guadalajara estaban sentados en la cueva del Diana donde se proyectaba en la gran pantalla de alta definición y con un sonido perfecto, el “mundo de las ideas” que, en este caso, sabemos está localizado en el MET de la ciudad de Nueva York, para que, desde nuestro asiento, pudiéramos también entrar trasbambalinas —como buenos voyeurs— antes de brincar al escenario donde se representó la versión moderna de Tosca, una versión tan criticada por el New York Times, sobre todo por aquellos que no aceptan las versiones vanguardistas que intentan contextualizar estas obras en un ámbito moderno.

Qué gusto saber que en Guadalajara ya tienen esta oportunidad para cultivar un poco ese jardín porque, sin duda, las óperas del MET son como un ramo de flores que podremos cultivar en nuestro jardín, el más bello del mundo, adornado con estas producciones.

Ahora estas óperas platónicas las podrán disfrutar en el Diana, en esa «morada subterránea», y ver a la rusa Olga Borodina o a la famosa joven Elina Garanca, la consentida del momento quien desde ese otro mundo de las ideas —y las artes— la vemos cómo canta y actúa para nuestro placer.

Como aseguraba Mario Vargas Llosa que las artes nos enriquecen la vida y la intensifican, sensibilizándola de manera profunda y transportándonos a unos niveles de comprensión que, además de hacernos gozar, nos vuelve más lúcidos respecto a las imperfecciones de las que estamos rodeados.