Lula, el Pelé de la política

El Informador, martes 6 de octubre, 2009.

(Fotografía: Luiz Inacio Lula da Silva, 2009)

Fue impresionante ver al presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva hecho un mar de lágrimas frente a las cámaras de TV cuando conoció el resultado a favor de Río de Janeiro como organizador de las Olimpíadas del 2016. Mucho se habla de la suerte de este político, pero más que suerte es el liderazgo que tiene este hombre con el que, finalmente, ganó esa batalla en contra de los gigantes y con eso, pudo acercarse a su visión, inyectándole a ese país y a esa ciudad —de contrastes sociales— millones de dólares para mejorar su nivel de vida y cumplir lo prometido en su campaña, reduciendo la pobreza extrema del 35% (2001) al 24.1% (2008) y que otros cuatro millones se movieran del umbral de la pobreza para integrarse a la clase media representada por el 52% de su población.

Por eso, la imagen de los dos mitos vivientes brasileños —Pelé y Lula— bañados en lágrimas, nos obliga a hacer un breve repaso de su liderazgo que, tal parece, incluye los cuatro papeles que debe representar, cubriendo esos aspectos que, en su momento, confirman que es un buen actor y líder del siglo XXI.

En esta ocasión, Lula mostró sin pena alguna que, como le resto de la humanidad, es un hombre sensible que se atreve a mostrar sus emociones sin que eso sea en detrimento de su liderazgo sino, todo lo contrario: ahora su popularidad —en el ámbito nacional y en el extranjero— se ha incrementado, uno, por los resultados obtenidos y, dos, por su capacidad histriónica.

Esta capacidad se le conoce desde los años de campaña, cuando flotaba el aura de un liderazgo bien alimentando y desarrollando con sus logros sindicales y las tres derrotas electorales. Pero, desde que asumió la presidencia, este hombre que había crecido en la universidad de la calle con los trabajadores, ha demostrado tener el nivel que merece ese país logrando, entre otras cosas, que el ritmo de crecimiento económico aumente para pasar del 2.7% que tenían entre 1984 y 2003, al 4.6% entre 2004 y 2008, cosa que “el país más grande del mundo” y sus habitantes lo reconocen en sus bolsillos y, por eso, están más que dispuestos a agradecérselo a pesar de que quedan todavía muchas cosas por hacer.

Ha demostrado ser un líder que actúa bien sus diferentes papeles: como el estratega que ha mostrado ser eficiente; como un hombre carismático, como las curanderas, que sabe improvisar con toda naturalidad; cuando triunfa, sabe que hay que celebrar con cierta humildad y aclara “que no han vencido a Obama, sino que los del comité decidieron que Río era una mejor opción”; como buena madre ha cuidado a sus hijos, sacando algunos de ellos de la pobreza y, finalmente, ha demostrado ser un buen guerrero que ha logrado, entre otros, este nuevo éxito que beneficiará a mediano y largo plazo al país y a Río de Janeiro, para que se mejore un poco más su economía.