miércoles, 7 de octubre de 2009

Novelas para los turistas

El Informador, jueves 8 de octubre, 2009.

(Ilustración: Amos Oz, periodista y escritor nacido en Jerusalén)

No cabe la menor duda que en tiempos de crisis lo mejor es hacer todo lo posible por promover el turismo, tal como lo han hecho en Jalisco con el programa de “Viva México” con esos grandes espectáculos al aire libre en Vallarta y en Guadalajara o a más profundidad con estrategias de mediano y largo plazo, como la de haber logrado que Guadalajara fuera la sede de la Convención Anual de los Escritores de Turismo de la Sociedad Americana (SATW), unos trescientos escritores que van a estar este fin de semana en la Perla Tapatía gracias al liderazgo de Aurelio López Rocha, el Secretario de Turismo.

Ahora, los escritores de viajes, podrán acercarse y observar lo que puede haber en Jalisco y conocer mejor a su gente para tener todo esto en la mente cuando escriban, algún día, sobre esta región promoviendo así el turismo que sigue siendo una fuente importante de empleos y divisas.

En las revistas de viajes que he visto recientemente, me di cuenta que sólo mencionan los edificios, plazas, palacios, ruinas, así como la comida y la bebida, los “spas” disponibles, pero, en ninguna de ellas, pude leer algo que estuviese relacionado con la gente de esos lugares que, muchas veces, hacen toda la diferencia. Sin duda, la gente en Guadalajara es uno de sus activos más valiosos.

Por eso estoy de acuerdo con Amos Oz en lo que dijo en su discurso cuando recibió el Príncipe de Asturias en el 2007, donde propone que los turistas lean novelas de los países que visitan: si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino. Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza. Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños.

Se antoja que hubieran leído El llano en llamas de Juan Rulfo —en inglés, The Burning Plane and other stories—, como es el cuento de “Luvina” en donde dice que en ese pueblo, sólo quedan los puros viejos y las mujeres solas, o con un marido que anda donde sólo Dios sabe dónde... Vienen de vez en cuando como las tormentas de que le hablaba; se oye un murmullo en todo el pueblo cuando regresan y uno como gruñido cuando se van... Dejan el costal de bastimento para los viejo y plantan otro hijo en el vientre de sus mujeres, y ya nadie vuelve a saber de ellos sino al año siguiente, y a veces nunca, y conocer San Gabriel a través de este cristal.