jueves, 12 de noviembre de 2009

Los retos después de la Revolución

El Informador, jueves 12 de noviembre, 2009.

(Fotografía: Francisco Villa y su gente).
La semana que entra celebramos casi un siglo de haber iniciado la Revolución (1910-2009), reservando las fiestas del Centenario y las del bicentenario de la Independencia (1810) para el año que entra. Por ser de la generación posrevolucionaria (1941-), a la Revolución la vemos de otra manera y seguro no como la veía mi padre que le tocó de los diez a los diecinueve años de edad. Por eso nos preguntamos si eso que se esperaba se ha logrado y qué es lo que podemos decir se ha concluido para darle carpetazo y coger impulso para enfrentar los retos del XXI.

Sin duda, después de casi un siglo, las cosas han cambiado: el crecimiento de la población en las grandes ciudades como en el D.F., que, en 1910 era de 800 mil habitantes, ahora somos 18 millones y la población agrícola estaba distribuida de la siguiente manera: en 1910 había 470 mil terratenientes y el resto, es decir, 15.2 millones eran trabajadores del campo con muchas carencias.

A principios del XX había 9 mil haciendas y 48 mil propiedades menores. Durante la reforma agraria, uno de los productos de la Revolución, se distribuyeron 67 millones de hectáreas de tierra de todas clases (más del 50% de la tierra arable) y se hizo entre 2.6 millones de campesinos, creando 20 mil nuevos ejidos y 40 mil nuevas pequeñas propiedades. Yo creo que a esto ya se le puede dar carpetazo.

La democratización fue un hecho, pues con el reparto de la tierra se destruyó el poder de los viejos terratenientes y liberó a los campesinos para que la población rural tuviera movilidad —vertical y horizontal—, eliminando las castas y, haciendo posible por primera vez en la historia de México, que el ciudadano común y corriente pudiera educarse y mejorar sus condiciones de vida.

Por primera vez hubo estabilidad después de casi un siglo de guerra: la Independencia (1810-1823); la invasión norteamericana (1846-1848); la guerra de Reforma (1858-1861) y la invasión francesa (1864-1867) y luego, un paréntesis de orden y progreso con Porfirio Díaz (1876-1910), hasta que estalló la Revolución (1910-1919) que buscaba el sufragio efectivo y la no reelección.

Algunos proponen que debería de seguir repartiéndose la tierra, pero todo lo que hay para repartir sería la muy pequeña propiedad donde cabríamos en el suelo como nuestra tumba, pues no hay de dónde más sacar tierra cultivable para los 120 millones de habitantes de nuestros días. La Revolución vino acompañada de la Industrial y la gente del campo se movió a las fábricas para lograr una igualdad de oportunidades, base del progreso.

Por su dispersión, los ejidos no pueden recibir la atención que requieren, así que, la creación de comunidades es básica para que puedan recibir los servicios básicos que, con la capitalización de nuevas tecnologías —siembra, cuidado y riego—, exigirían a las nuevas generaciones de campesinos que se especialicen en computación y sistemas de control automatizados para enfrentar los retos y disfrutar de una mejor calidad de vida.