Redescubrir el valor de la mujer

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 4 de diciembre, 2009.

Con razón El silencio de Lorna ganó en Cannes el mejor guión escrito en el cine extranjero en 2008: sus autores, y luego directores de la película, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, nacidos a principio de los 50’s, son dos belgas que trabajaron con maestría a esta mujer llamada Lorna, su personaje principal, interpretada por la albana Arta Dobroshi (1980-¿), una joven actriz de primera magnitud que, entre otras cosas, habla bosnio, serbio, inglés, albano, croata y francés y que, en este papel, nos deja pensando en esas virtudes de la mujer en medio de una mafia albana instalada en Bruselas —como existen en otras partes del mundo—, dedicada a explotar a los inmigrantes a la Unión Europea, además de el tráfico de drogas y armas.

Un guión, digo, excepcional, que ha sido truncado a propósito en algunas de sus partes, recortes de los sucesos, para que seamos nosotros los que los complementemos y, de esta manera, podamos interpretar mejor ese silencio de Lorna, ahorrándonos detalles inútiles, hasta que logramos descubrir cómo y de qué está hecha esta mujer que acepta ser utilizada, hasta el límite de su feminidad, para verla como una gran triunfadora.

Lorna es una mujer que se mueve por sus instintos que siempre trabajan en silencio, sobre todo si nos amenaza un constante naufragio, como el que tienen que ver con la fidelidad —entendida a su manera— con un tal Sokol (Alban Ukaj) del que está enamorada, aunque siempre está lejos, pero que ella lo escogió para ser su pareja y también socio para un restaurante-bar en Bruselas, para lo cual ahorran hasta que su instinto le dicta cambiar de estrategia aunque le duela.

Pero también está a flor de piel su instinto protector y por eso, cuando es necesario se desnuda y se entrega para proteger a quien necesita ser protegido, además de que era una promesa. Pero, lo que no puede fallar, es el más fuerte de los instintos de la mujer: el maternal, ese que empieza a funcionar desde que se ha gestado una criatura en el vientre y funciona toda la vida como una gran protectora.

Esta es la columna vertebral de esta obra parte de la 51 Muestra de Cine y que ojala, regrese a cartelera, pues lo escrito por los hermanos Dardenne no tiene desperdicio: saben tensar el arco antes de soltar la flecha para que seamos nosotros los que nos imaginemos el silencio de esta mujer y lo que estuvo maquilando, pues pasea, si no incólume, con una gran seguridad por Bruselas, como si nada pasara —como esas aves que cruzan el pantano y no se manchan—, caminando entre la mierda que la invade por haber sido objeto de explotación de esos albanos que vienen de esa tierra de las águilas, de donde Lorna huyó para siempre jamás, como podemos huir del segundo país más pobre del continente europeo, más conocido por el crimen organizado y por el tráfico de drogas y de armas que controlan tanto en Europa como en los Estados Unidos y que sigue siendo un factor negativo para su posible integración a la UE.

Tirana se llama la capital de ese país bañado en la costa occidental por el mar Adriático y, al suroeste, por el Jónico que hace frontera con Grecia al este y, al norte, con Serbia y Montenegro; un país con una vegetación mediterránea de maquías —vegetaciones exuberantes de arbustos como el laurel, el endrino, la retama, el boj y algunas plantas de olor, como el romero y el tomillo- como son las que destacan en la franja litoral pero que, en su interior montañoso, predominan los bosques de coníferas y caducifolias, como vemos cuando Lorna corre para sobrevivir, como nos puede suceder en los sueños, cuando nos perdemos y nos quedamos solos, aterrados, en medio del bosque.