Sembrar en un campo fértil

El Informador, jueves 3 de diciembre, 2009.

No cabe duda que también nos alimentamos de ilusiones, de sueños y de esperanzas y esto lo logramos cuando satisfacemos nuestra curiosidad a través de la letra escrita en sus diferentes versiones. Cuando nos ponemos a leer, en primer lugar nos aislamos del mundanal ruido y, ya sólo con eso, ganamos algo de paz para luego poder inspirarnos y empezar a ver las cosas desde una nueva perspectiva, ojala logrando elevarnos para ver las cosas a vuelo de pájaro o desde el balcón, donde nos asomamos para ver a cierta distancia el bosque y poder otear el horizonte.

Uno de los termómetros que nos sirven para ver cómo ha logrado penetrar la lectura en la sociedad y medirle así el agua a esos camotes es la FIL, pues aquí están convocados miles de editores, escritores, impresores y libreros, integrantes de este sector y miembros de esa fuerza económica que gira alrededor del libro y del lector que es el objetivo final.

Él es el elemento clave y ahí es en donde todavía hay mucho que hacer para avanzar —como lo ha hecho España o Argentina—, para que ojala le demos un día la vuelta a esta tuerca y sepamos de que manera la buena literatura puede trascender.

Una experiencia vigorosa durante estos días ha sido la de hablar con los jóvenes de las diferentes preparatorias como parte del programa Ecos de la FIL en donde hemos visitado dos prepas al día, unas públicas como la Preparatoria No. 3 donde tuve una experiencia de primera y salí tan motivado que creo sí hay esperanzas para tener buenos lectores.

En otro sentido, fue la experiencia con los dos cientos y pico jóvenes preparatorianos de la Villa de los Niños, A.C., por el rumbo de Villa Corona, unos jóvenes a los que les dije que eran privilegiados por poder estar ahí estudiando, haciendo deporte, comiendo y durmiendo y a los que, tal vez, fue la primera vez que tuvieron noticia de Shakespeare y les encantó esta noticia, ávidos de conocerse mejor y conociéndose mejor, tener más posibilidades de mejorar su calidad de vida y, teniendo una mejor calidad de vida, poder ser más felices, como si con esto, pudiéramos cerrar un círculo virtuoso. Fue emocionante compartir con ellos Las Historias de Shakespeare que, como esponjas absorbieron todo lo que puede decirles en un hora más o menos.

Los jóvenes de las prepas privadas parace que navegan un poco más por la superficie pero, sin duda, se emocionaban si cuando uno lograba toca esas fibras que son las que les interesan, como es el amor y sus juegos, como lo hace Rosalinda en Cómo les guste o el Romeo con su Julieta.

Esto es lo que estoy haciendo durante toda esta semana: sembrar y sembrar en ese campo fértil como son los más de mil estudiantes con los que he platicado en los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Guadalajara, compartiendo el amor por la letra escrita y pensando en que un día haya más y mejores lectores.