martes, 29 de diciembre de 2009

Teoría de la clase ociosa

El Informador, martes 29 de diciembre, 2009.


Hace años, cuando diseñaba El Economista, leí un libro devastador: se trataba de la Teoría de la clase ociosa de Thorstein Veblen (Breviarios del FCE) de este noruego cuyos padres migraron a los EUA, compraron un rancho con un buen suelo, negro y profundo donde se instalaron en el sur de Minneapolis para vivir ahí su infancia en una casa blanca, amplia y agradable que no sólo delataba un cierto desahogo de la familia, sino algo de riqueza.

Pienso en La Plaza, como se llamaba el suplemento cultural —que tuvo un modesto éxito—, como también pienso en varios de mis amigos —tapatíos o chilangos— que, parecían habían sido objeto de estudio por el genio de Veblen, pues por la lectura de esta teoría me refería una y otra vez a ellos —como si los conociera a fondo aunque lo publicó en 1899—, como también pienso que lo leyeron los editores de ¡Hola! que es la bandera que ondea por el mundo hispanohablante, con los ejemplares más prestigiados de esta clase llamada ociosa.

Se trata, dice Veblen, de simular que se trabaja y si uno tiene que hacerlo, hay que pasar la estafeta lo más pronto posible a un segundo de abordo, fiel y confiable, para que puedan aparentar vivir en el ocio y, entre otras cosas, se puedan dedicar a consumir toda clase de productos superfluos que contribuyan, de una manera efectiva, a mantener esa buena fama antes de echarse a dormir.

Por ahí anda la teoría de Veblen que es tan original que un siglo después sigue siendo válida y los estudiantes la siguen analizando. Entre otras cosas explica que las esposas de esos hombres que pertenecen a la clase ociosa deben evitar todo empleo útil porque la abstención del trabajo no es sólo un acto honorífico o meritorio, sino un requisito impuesto por el decoro.

Nos quedamos con la boca abierta cuando analiza la ostentación y el lujo que, or encima de un cierto nivel de riqueza, se puede considerar como algo intrínseco del éxito, y no tanto como lo consideran los economistas, sino para ser utilizada como un estandarte que anuncia el triunfo que proclama, según las normas aceptadas por la comunidad y que demuestren que su poseedor, efectivamente, es un hombre de éxito.

Un subproducto es el mimetismo que se adquiere, en donde la opinión de los demás es la que nos permite confirmar nuestro propio bienestar, por eso, el keep up with the Jones mantiene el consumo al día, así como las deudas, pues, ¿cómo es posible que nuestros vecinos los Jones se hayan comprado una TV-HD de plasma o el coche último modelo y nosotros sigamos con el anterior?

Veblen observó con cuidado a la gente de su siglo y estudió las sociedades primitivas donde, tal parece, se originó la clase ociosa, antes de sacar el bisturí para narrarnos cómo están construidos estos órganos con los que se mueve la clase social y el poder y, de esta manera, saber con quién estamos hablando.