Un cuento de Navidad

El Informador, jueves 24 de diciembre, 2009.

Esta noche es Nochebuena y mañana es Navidad y por eso es imposible evitar contarles un cuento y qué mejor uno de los clásico de Dickens que, además, está en la pantalla grande en una nueva versión titulada Los fantasmas de Scrooge, dirigida por Robert Zemeckis con Jim Carrey como el viejo avaro necesario en estas épocas de la vida para contrastar con el resto y celebrar que hemos librado la batalla y eso ya es ganancia:

Había una vez un viejo avaro que se llamaba Ebenezer Scrooge que, entre otras cosas, no celebraba la Navidad porque prefería seguir su vida solitaria dedicado sólo a trabajar sin importarle nadie más, ni Bob Cratchit, su empleado.

Un día, recibe en su casa al fantasma de Jacob Marley, su mejor amigo y socio quien había muerto hacía poco y que ahora se aparecía para anunciarle la visita de los tres espíritus de Navidad. El viejo Scrooge no se inmuta de sus amenazas y, por eso, no tardan en aparecer los tres espíritus: el Pasado, que le hace recordar a Scrooge su infancia y juventud, lo que le da una cierta melancolía, pues pertenecía a esa vida antes de haberse convertido en workholic y su desmedido afán de enriquecerse.

Luego, aparece el fantasma del Presente que le hace ver la situación de la familia de Cratchit quien, a pesar de su pobreza y la enfermedad de su hijo Tim, van a celebrar la Navidad. De pasada se da cuenta que todo mundo festeja la Navidad, incluso su sobrino Fred, a pesar que sus invitados se niegan estar con el viejo avaro.

Pero cuando se aparece el fantasma del Futuro, mudo y sombrío, le muestra a Scrooge su destino por ser tan avaro: su casa sería saqueada por los pobres; observa la muerte del pequeño Tim Cratchit y, lo que le resulta más espantoso de todo, ve su propia muerte y la tumba donde sería enterrado, con lo cual se horroriza y trata de convencer al espíritu que está dispuesto a cambiar, si logra mejorar su destino.

Scrooge despierta de su pesadilla transformado: decide celebrar la Navidad y, como nunca, saca dinero de la caja chica para mandarle comprar un pavo a Cratchit y que tengan algo qué cenar esa noche, sin que sepa quién se lo ha mandado.

Luego, sale a la calle y saluda a la gente deseándoles una Feliz Navidad y decide irse a la casa de su sobrino Fred para pasar con él y sus amigos la Navidad, asombrando y divirtiendo de pasada a los invitados.

Al día siguiente, cuando Cratchit llega, Scrooge finge regañarlo antes de darle —¡por fin!—, un aumento de sueldo y ayudar a su hijo Tim para que se cure. Sorprendido, al ver este cambio les desea en voz alta: ¡Y que Dios nos bendiga a todos!

Tal como lo hizo el buen Tim, así les deseo que Dios los bendiga a todos ustedes para esta Navidad y que logren lo mejor para el próximo año.