miércoles, 13 de enero de 2010

Carmen: todo con tal de sentirse libre

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 15 de enero, 2010.


(Elina Garanca como Carmen). La mala suerte, como la que nos leen los gitanos en la palma de la mano, fue el destino de George Bizet quien murió a principios de 1875, semanas después de su malogrado estreno de Carmen en el teatro de la Ópera Cómica de París. Hoy en día, es una de las óperas más populares y nos da la impresión que todo mundo conoce la historia apasionada de esa mujer y, a la menor provocación, tarareamos la marcha del Toreador o cantamos la Habanera, esbozando una sonrisa cuando Carmen (Elina Garanca, soprano) nos dice que el amor es como un pájaro rebelde o L’amour est un oiseau rebelle o un gitano que nunca ha conocido la ley: si tú me no me amas, yo te amo, pero si yo te amo, ¡cuídate!, como podremos oír cantar a esta guapa Elina en la nueva producción del Metropolitan Opera House, de Richard Eyre, el director de cine (Stage Beauty).

Carmen no puede dejar de insistir que lo más embriagador que hay en esta vida es la libertad y que sin ella no se puede vivir, ni hacer el amor, ni nada. Por eso, ella nunca podrá pertenecer a nadie mucho menos a don José (Roberto Alagna, tenor) que no puede entender que una mujer no sea de su propiedad, sobre todo, si era en pago de haberla dejado libre, aunque le costara la chamba.

Nos encanta ver cómo baila y canta cuando se siente libre y por eso, aflojamos el cuerpo y la acompañamos cerca de las murallas de Sevilla a la taberna de Lillas Pastia para bailar una seguidilla y beber manzanilla.

Desde la primera escena vamos a poder disfrutar de Elina Garanca, una Carmen muy atractiva, llena de vida que se defiende con sus atractivos femeninos y su sexualidad, como armas y una fuerza vital que hace que todos los demás giren a su alrededor: las compañeras en la fábrica, los soldados, los gitanos, los toreros y los contrabandistas.

Carmen provoca pleitos desde la fábrica hasta que termina a la entrada de la plaza de toros donde ha llegado don José enloquecido por los celos, sin entender ni poder respetar la libertad que ella deseaba tener, para clavarle una daga, mientras se escuchan los gritos de los aficionados de la plaza por la corrida que ofrece Escamillo (Mariusz Kwiecien, tenor). Carmen cae por el suelo sin dar un paso atrás, ni conceder nada que fuese en contra de su libertad.

Carmen provoca y confronta: primero, por los celos de sus compañeras de la fábrica y luego, con este don José que no entiende que esta mujer necesitan vivir con un hombre que esté dispuesto a morir por ella, como el torero Escamillo que se juega la vida en el ruedo un domingo por la tarde, cuando le dedica uno de los toros y don José pierde la razón, atraído por su belleza, hasta matarla si era necesario.

Le habían advertido y le dijeron que temiera por su vida, pero ella que era muy valiente no se deja atrapar por nadie, menos por un soldado que cree tener el derecho de poseerla como objeto, sin haber escuchado nunca que ella era un pájaro rebelde que necesita vivir en libertad y para eso su arma es su sexualidad.

El escenario es la España del XIX, pues fue en un viaje que hizo Prospero Mérimée (1803-1870) por Andalucía cuando se inspiró para escribir su novela que luego utilizaron Henri Meilhac y Ludovic Halévy para redactar el libreto para que Georges Bizet luego compusiera esta ópera deliciosa.

Cuando invita a don José para vivir con los gitanos le mueve el tapete a este pueblerino que todo lo que desea es vivir con una fiel mujercita como Micaela, la joven enamorada que viene a verlo de parte de su madre, insípida, si la compara con la apasionada Carmen.