El arte de la mentira política

El Informador, martes 12 de enero, 2010.

¿Quién decidió que la mentira podía ser un arte y quién lo aplicó a la política? Esto se preguntaba Jonathan Swift en el siglo XVIII, para luego responder con un pequeño ensayo en donde revisa este tema pues, a pesar de que no está claro quién fue el culpable, él investigó la vida política de sus últimos veinte años para, finalmente, explicarnos que todo empezó como lo que cuentan los poetas, cuando fueron expulsados los Gigantes y en venganza, la Tierra dio a luz a la Fama.

Más o menos así es como interpreta la fábula: cuando los tumultos y las sediciones se quedaron inmóviles, los rumores y las falsedades fueron las que levantaron el vuelo y cubrieron a toda la tierra. Por eso dicen que mentir es el último eslabón en la cadena de las rebeliones de los recién nacidos.

Los historiadores modernos han hecho varias adaptaciones y dicen que este arte se aplica puntualmente para lograr el triunfo, para preservar el poder o para vengarse después de haber perdido la chamba con los mismos trucos que hacen los animales cuando quieren comer mordiendo, si es necesario, a esos que lo amenazan.

Esta genealogía no se aplica siempre a la mentira política y, por eso, aclara y le agrega esas circunstancias que tuvieron que ver con el nacimiento de la mentira política como arte y quiénes son sus parientes cercanos: esta nace de un alto funcionario que se ha quedado sin chamba y que soltó una por primera vez creyendo que, con eso, volvería a comer y a ser el consentido de las multitudes.

Otras veces lo que nace es un monstruo que hay que golpear para que tome forma y, si viene al mundo bien formado, bueno, es posible que se eche a perder por los golpes que recibe.

Otras mentiras nacen como si fueran niños de incubadora que necesitan tiempo para madurar, pero cuando ven la luz, se desvanecen y desaparecen. En otras ocasiones, creen que han nacido de la nobleza o de la hueva de un corredores-de-bolsa de esos que viven con el agua al cuello: allá, grita cuando se abre el útero; aquí, nace como un suspiro, pero, de todas formas, si viene al mundo sin aguijón, no se le considera bien nacido y si lo pierde, como las avispas al picar, muere.

Como pueden ver la mentira es un niño destinado a tener grandes aventuras: es el ángel de la guarda del partido en el poder para conquistar así, sin pelear y, aunque pierda, cree que gana, como esos que dan y quitan empleos o hunden montañas o convierten a los cerritos en gigantes.

Es una diosa que vuela por los aires con un enorme espejo en la mano con el que deslumbra a las multitudes para que vean la ruina de sus intereses o sus intereses en ruina y a sus mejores amigos, ahora espolvoreados con el polvo blaquiazul o el tricolor, portando las insignias de libertad, prosperidad, indulgencia y moderación.