martes, 16 de febrero de 2010

El voto por la persona

El Informador, martes 16 de febrero, 2010.

La resistencia al cambio es una de las características del ser humano: por un lado, queremos que todo sea como ha sido hasta ahora y, por el otro, deseamos que las cosas cambien, sobre todo, si los cambios nos permiten mejorar la calidad de vida.

La manera de hacer política ha sufrido cambios por varias razones: la vulgarización de los principios, el crecimiento de la población, los medios de comunicación —inimaginables en otras épocas—, como es el Internet, la telefonía móvil y las redes sociales como Facebook, Buzz o Twitter, con miles de personas que se comunican en vivo y en directo para dar su opinión, reportar sus observaciones y compartir ideas a una velocidad nunca antes imaginada.

Los cambios implican tener la capacidad de adaptarse y la de poder entenderlos para aprovecharlos o, al contrario, de una manera chejoviana, quedarse inmóviles y melancólicos son poder aceptar el cambio, mucho menos, provocarlo tal como sucede en Ivanov en esa obra de teatro en donde lo marcamos como el representante de este tema dentro de las obras del escritor ruso que nos muestra, de una manera dramática, la incapacidad de cambiar y dejar el pasado enterrado en su tumba para poder seguir caminando hacia adelante y encontrar la manera de enfrentar el futuro.

Viene a cuento por los cambios en la manera de hacer política y en las maneras de enfrentar los retos. Aquel que entienda mejor el contexto social y sepa escuchar lo que la gente dice, estará mejor preparado para gobernar en el futuro.

Por lo pronto, en las elecciones por una presidencia municipal, la gente vota por una persona en específico, más que por el partido al que pertenece. Por eso, se está viendo una mayor movilidad del votante y una alternancia en esos ámbitos donde la persona es la que importa porque uno la conoce o cree que vale la pena según se diga en el municipio.

Esta experiencia en el cambio del voto y la alternancia que hemos experimentado, nos ha permitido encontrar los factores comunes entre los políticos, sobre todo si son negativos: la corrupción se ha mantenido, sin importar el partido —en las delegaciones del GDF o en los gobiernos Estatales o Municipales—; sigue la manipulación de la gente, para el beneficio individual; existe una falta de visión a largo plazo, sobretodo si los planes rebasan sus tiempos políticos, así como, la vulgarización de las ideologías sustituidas por el deseo de poder.

Cuando no se dan los cambios que se esperaban en la alternancia, observamos ahora a las personas que pretenden el poder y, si cumple con nuestras expectativas, votaremos por el. Por eso, las recientes alianzas pueden sonar incongruentes para los fundamentalistas de los partidos, pero responden a los cambios en el ámbito electoral, ahora que la gente cree más en las personas que en las plataformas políticas que sustentan los partidos.

Por eso, ahora votarán por la persona, sin importar tanto el partido representa con o sin alianzas.