Meterse en la cueva de los lobos

El Informador, 2 de febrero, 2010.


(Barack Obama saluda en Baltimore al republicano John Bochner de Ohio). Desde el renacimiento, los reinos se observaban unos a los otros para ver qué y cómo le hacía el vecino que les pudiera servir como ejemplo a seguir. Así sucedió entre Inglaterra, España, Francia y Holanda del 1500 al 1700, cuando trataron de entender el estilo de gobernar del poderoso Felipe II y los resultados obtenidos de aplicar el aeque principaliter, cuando consideraban a los reinos de igual a igual, bajo una misma corona pero a través de alianzas o si las consideraban como entidades diferenciadas con sus propias leyes, fueros y privilegios o si las gobernaban como monarquías compuestas, como fue el caso con los reinos de Nápoles, Portugal o la Nueva España, antes de su rebelión.

Pero Felipe II era soberbio y vanidoso y se creía el dueño de la verdad y por eso a España no le interesaba conocer lo que hacían los demás, ni cómo gobernaban los nuevos territorios del Nuevo Mundo, donde hubo diferencias que nos han impactado hasta nuestros días: en el Norte no había oro y plata como en el Sur (México y Perú), así que, decidieron desarrollar la agricultura, promover el ingenio y las industrias.

La diferencia más importante de todas, políticamente hablando, eran esos gobiernos que gobernaban bajo un régimen de tolerancia religiosa, cosa que los españoles se negaron a hacer —la Inquisición fue el instrumento para evitarlo— y eso fue lo que marcó la diferencia entre los países tolerantes y desarrollados, de los intolerantes y subdesarrollados como fue el reino de España o los países musulmanes.

Aprender de los demás está vigente y por eso viene a cuento lo que hizo Barack Obama la semana pasada en los Estados Unidos, pues sufre, como sufrimos en México, de una oposición que se niega a aprobar los cambios y las reformas que sugiere el Ejecutivo, dejado las cosas en algo que puede ser un grave impasse.

Obama decidió tomar el toro por los cuernos y fue a meterse a la cueva de los lobos en Baltimore, donde se reunían los republicanos miembros de la Cámara de Representantes para hablar con ellos con una cierta humildad política —que tal parece funciona cuando se trata de lograr lo que se quiere— para confesarles que no era un ideólogo y que, si ustedes me enseñan las propuestas que los expertos puedan respaldar como beneficiosas para las reformas que necesitamos, pueden estar seguros que las voy a incluir y así, los invitó a superar las diferencias partidistas sin miedo alguno enfrentando ese mar de calamidades para enfrentándolo, resolverlo.

Haciendo un paralelismo con la historia, lo que ha hecho Obama nos puede servir de ejemplo y Calderón podría dejar a un lado su vanidad y ponerse a negociar directo con la oposición, en lugar de hacerlo a través de los medios y, si la oposición tiene buenas ideas, incluirlas para que las reformas de Estado y las laborales se lleven a cabo, sin preocuparse de las encuestas para que se hagan las cosas.