Nostalgia y actualidad de la Feria de Minería

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 19 de febrero, 2010.


(El flautista de Hamelin, ilustración). Al atardecer, un flautista tocaba frente al estante donde exponíamos los cuatro títulos publicados hasta ese momento. Había mucho entusiasmo. Era la segunda Feria y había grandes expectativas e ilusiones. Era el mes de febrero de 1981 cuando Pepe Taylor, un amigo y promotor de libros, nos invitó a participar a pesar de tener un acervo mínimo. Un año antes, había convencido a Javier Jiménez Espriú, el director de la facultad de ingeniería, para que se llevara a cabo la Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería, un palacio que es una obra maestra del escultor y arquitecto valenciano Manuel Tolsá, terminada en 1813 como sede del Real Seminario de Minería.

Los cuatro primeros títulos publicados eran: Los animales de Chapultepec de Eduardo, “el Pelícano” Martínez; la Disertación sobre las telarañas de Hugo Hiriart; todo lo que usted quería saber sobre las tortugas de Silvia Molina y Accidentes, unos cuentos de María Luisa Puga. Estaba imprimiéndose uno de los sucesos editoriales del momento: Parejas, la novela de Jaime del Palacio, ganadora de varios premios.

Con esos cuatro títulos montamos un stand diseñado por la artista Maria José Lavín. Todos los días salíamos en la prensa con alguna nota relacionada con todo eso que estábamos haciendo y para incrementar el número de visitantes, invité a este flautista que tocaba por las tardes —como el de Hamelín— y, a los amigos que se acercaban, les ofrecíamos un tequilita —a escondidas—, para ver si así se animaban a comprar Los animales de Chapultepec.

Nos divertíamos mucho y la pasábamos soñando, entre las brumas de los nuevos amores y los deseos de mantenernos como editores independiente hasta que el cuerpo aguantara, como lo hizo hasta 1985, cuando las devaluaciones y la inflación galopante de López Portillo, no nos permitían ponerle precio a los poemas de Fernando Sampietro —¡descanse en paz!— con su Marilyn Monroe y yo.

Ahora es otra cosa. Desde hace años que está a cargo de la feria con muy buenos resultados, nuestro amigo Fernando Macotela que el pasado miércoles 17 inauguró esta versión XXXI de la feria y que va a durar dos semanas, hasta el próximo domingo 28 de febrero.

Por supuesto que las cosas han cambiado para bien: el número de visitantes es impresionante; los estantes cada vez más apretujados; creo que hay algo así como mil conferencias, homenajes, presentaciones de libros y lecturas dramatizadas como esa que hicimos hace un par de años con las locuras de Leontes tomadas del Cuento de invierno de Shakespeare, donde la gente se divirtió y conoció esa obra, imaginando esas locuras.

Este año hay celebraciones de todo tipo y su programación puntual está en Internet. Por ejemplo, se celebra el nacimiento de Manuel Payno con lecturas de La esposa del insurgente por el grupo de Poesía en Voz Alta (26 de febrero a las 17:00 horas).

O, el centenario del fallecimiento de Juan de Dios Peza, donde se leerán sus poemas Fusiles y muñecas ese día, pero a las 13:00 horas.

Van a celebrar a José Rubén Romero y, para eso, Alejandro Danel leerá Algunas cosillas de Pito Pérez que se me quedaron en el tintero de ese autor famoso por su sentido el humor tan mexicano.

También podremos escuchar a Jennifer Emery-Davison en su conferencia Navegando con Mark Twain en las corrientes de las letras estadounidenses (domingo 21, a las 12:00 horas) o el sábado 27 a las 15:00 horas, podremos acompañar a nuestro amigo Alejandro Páez Varela con La guerra por Juárez y, a las 16:00 horas, a Eugenio Aguirre con su novela histórica sobre Hidalgo.

Pero aún hay más, mucho más, miles de actividades durante las dos semanas de la Feria para que ustedes escojan los libros que les interese entre los estantes y aprovechen las ofertas en este hervidero del Palacio en ebullición virtuosa, gracias al quehacer editorial.