martes, 9 de febrero de 2010

Señales de humo

El Informador, martes 9 de febrero, 2010.


Desde siempre hemos sabido que las señales de humo que mandaban los indios en esas películas de vaqueros que tanto nos gustaban en la infancia, llevaban un mensaje y anunciaban a distancia los sucesos, la ubicación de las carretas con los colonizadores del Este, tal como lo hacían los washoes o los walla walla cuando los Prescott decidieron trasladarse de Nueva York al Oeste o anunciaban la llegada de los uniformados montados en sus caballos y armados para apoyar a la colonización.

Con otro tipo de señales, ahora damos a entender lo que más nos interesa, por ejemplo, si México cierra su representación ante la UNESCO en París para concentrar esa función en la oficina del embajador de México ante la República Francesa de tal manera que la Secretaría de Relaciones Exteriores pueda ahorrarse esos gastos, en verdad, la señal que estamos mandando tiene más que ver con la importancia que le damos a la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Es bien conocido que los gobiernos panistas no han podido entender la importancia que tiene en un país, región o Estado, desarrollar e impulsar esos tres sectores y, desde que tenemos memoria, hemos visto de cerca cómo fue que Alberto Cárdenas Jiménez a partir de 1994 pisó los territorios de la cultura como Atila lo hacía para que no volviera a crece nada por donde pasara.

Ahora, la cultura en Jalisco, si les va bien, es, cuando mucho, la del mariachi, coincidiendo con lo que decía Carlos Monsivais, oponiéndose a lo que opinaba Octavio Paz, diciendo que el mambo también era cultura.

Desde entonces acabaron con una de las mejores orquestas sinfónicas que había en la república mexicana y desde entonces, durante los siguientes quince años de gobierno panista en ese Estado, la promoción de la cultura no está dentro de sus objetivos y prácticamente ha desaparecido, excepto la FIL.

Por supuesto que no ayudó para nada tener a un representante en la UNESCO como era Homero Aridjis, un hombre con tan mala fama en el medio diplomático desde que fue embajador de México en los países bajos, allá en los años noventas, sin que podamos entender todavía cómo fue posible que lo nombraran en este sexenio Embajador de México ante la UNESCO, excepto por que es nativo de Michoacán y sólo por eso el Presidente, sin considerar lo que se sabía de él en el ámbito de las relaciones exteriores, donde corren los rumores como las ráfagas que destruyeron la semana pasada los árboles en el sur de la ciudad de México y nos dejaron sin luz en Tlalpan por tres días seguidos: todos en el mundo diplomático sabían de su pésimo comportamiento como embajador en fechas pasadas.

Por eso, es ilusorio pensar que este gobierno pueda retractarse, nombrar a una persona capaz de promover la educación, la cultura y la ciencia frente a las Naciones Unidas para que, con esas señales, nos consideren como un país que tiene en su raíces intereses en esos tres sectores.