Hamlet somos nosotros

El Informador, Tertulia, sábado 20 de marzo, 2010.


(Simon Keenlyside como Hamlet, en la ópera de Ambroise Thomas del MET). Se trata de Hamlet el danés, el mismo que leímos hace poco para coordinar un taller; ese que hizo el famoso soliloquio sobre lo que sería mejor para el alma y que tiene que ver con la posibilidad de enfrentar el mar de calamidades para que, enfrentándolo, lo resolvamos; el mismo que era tan buen actor que aconsejó a los que llegaron a Elsinore para representar La muerte de Gonzaga o La ratonera; el mismo que pensaba que la tierra era un promontorio estéril y la bóveda celeste, un hermoso techo engastado con oro en llamas pero que, en esos días, más bien le parecían un amasijo de vapores pestilentes.

Es el mismo príncipe que estaba tan decepcionado que no le interesaba el hombre ni la mujer, el que platicó con el sepulturero, moralizando cuando tenía entre sus manos la calavera de Yorick, el bufón; al que visitaron Rosencrantz y Guildenstern, sus compañeros de la universidad; el mismo que compartió con Horacio, su más fiel amigo, dudas, éxitos y fracasos, para luego pedirle que contara su verdadera historia; ese que fue amante de Ofelia; el que enloqueció y por eso lo mandaron a Inglaterra; el lento vengador de la muerte de su padre —hace aproximadamente setecientos años—; ese al que tan bien le conocemos sus pensamientos que a veces creemos que son propios, pero, en realidad, los escribió Shakespeare.

Hamlet es un nombre y sus discursos y frases han sido acuñadas por el ocioso cerebro de ese poeta, pero no por eso dejan de ser tan reales como los nuestros, aunque su realidad está en la mente de los lectores. Tal vez por eso, podemos decir que Hamlet somos nosotros.

Si alguna vez ha estado pensativo o un poco melancólico por los fracasos propios o ajenos; si un día se dejó envolver por una nube de reflexiones y ha visto que la lámpara dorada del día se apaga por la envidiosa bruma que se eleva sobre su pecho, cuando sólo podemos reconocer que el mundo está vacío y no hay nada de notable; si hemos conocido el ultraje y los desdenes del mundo o las congojas del amor desairado y las insolencias del poder; si un día nos hemos hundido en nuestros pensamientos y traemos la tristeza colgada del corazón como si fuera una medalla, sin mayores esperanzas; si alguna vez hemos sentido que no tenemos capacidad de acción porque ha sido anulada por las dudas y los pensamientos, entonces tendría que ver la ópera de Ambroise Thomas que se transmite de hoy en ocho en la pantalla HD del Teatro Diana en vivo y en directo del Metropolitan Opera House con la versión de Hamlet, con Simon Keenlyside como tal, Marlis Peteresen como Ofelia, Jennifer Larmore como Gertrudis.