jueves, 18 de marzo de 2010

Mujeres que pasan por la Quinta Avenida

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 19 de marzo, 2010.


(La Quinta Avenida en Nueva York). Vicente Quirarte es un poeta, escritor y editor prolífico que presentará el próximo domingo 21 a las 12 horas —iniciando la primavera—, una antología de cartas, relatos, crónicas, fragmentos de novelas, poemas y artículos periodísticos de algunos de los mexicanos que se refugiaron en la ciudad de Nueva York entre 1850 y 1895. La presentación será en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Desde que recibí la invitación no he podido de dejar de pensar en las razones para refugiarse en Nueva York: ¿lo harían para tener una nueva visión de la vida o para recuperarse de los fracasos y huir de las persecuciones o simplemente para negociar con los poderosos o para huir de las mujeres y volver caer en lo mismo por lo que huimos?

Tal vez estas fueron algunas de las razones por las que José Juan Tablada se exiló en Nueva York en 1914 —fecha que está fuera del rango de la antología de Quirarte—, donde escribió un poema que viene a la mente:

¡Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida
tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida!
¿Soñáis desnudas que en el baño os cae
áureo Jove(1) pluvial, como a Danae (2),
o por ser impregnadas de un tesoro,
al asalto de un toro de oro
tendéis las ancas como Pasifae? (3)

¿Soñáis con perversiones de cornac
de broncíneo elefante la trompa metálica
o transmutáis, urentes, de Karnak (4)
la sala hipóstila (5), en fálica?
¡Mujeres fire-proof a la pasión inertes,
hijas de la mecánica Venus made in América (6);
de vuestra fortaleza, la de las cajas fuertes,
es el secreto... idéntica combinación numérica! (7)


Estas mujeres de la Quinta Avenida le sirvieron de modelo al poeta para escribir su poema, mismo que ahora trato de entender explicándolo de alguna manera:

(1) Jove o Zeus —el mejor, mayor y más sabio—, ilumina a (2) Danae, la hija de Acrisio, rey de Argos, encerrada por su padre para evitar se embarace; el oráculo había señalado que sería asesinado por el hijo de su hija.

Zeus —el mejor, el mayor y el más sabio—, la alcanzó transformándose en lluvia de oro y tomó posesión de ella. En realidad no fue como lluvia de oro, sino que entró disfrazado de general después de haber sobornando al guardia.

Cuando nació Perseo, Acrisio los arrojó al mar en un cofre de madera y Zeus los ayudó para que llegaron a la costa donde creció Perseo hasta que tuvo edad para matar a la Medusa, rescatar a Andrómeda e irse a Larisa para competir en los juegos deportivos donde se encontraba de pura casualidad su abuelo, donde fue herido de muerte por la jabalina que lanzó Perseo. Se cumplió la profecía del oráculo.

(3) Pasifae —la que brilla para todas— es la Luna, la hija de Helios y la ninfa Creta, que, educada como princesa, ahora debía casarse con el rey Minos. Embrujada por Poseidón, esta mujer se enamora de un toro blanco —que había librado el sacrificio— que luego, llegó a poseerla para que pariera a Minotauro, el monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano.

Pero ellas, las de la Quinta Avenida —dice el poeta—, sueñan con sus perversiones y prefieren ir a (4) Karnak —el lugar más venerado—, a la orilla del Nilo, para que, en una sala hipóstila (5) —la que está debajo de las columnas— conviertan sus sueños fálicos en realidad, como los que tenían esas gringas hechas a prueba de fuego, que no eran más que unas profesionales, inertes a la pasión —no como supone eran en México—, hijas de una Venus-made- in-USA, (6) que no habían pelado al poeta que ahora se vengaba acusándolas de que sólo abrían sus puertas —como las cajas fuertes— con la misma (7) combinación numérica que se tiene en otras latitudes.

¡Ay!, esas mujeres de la Quinta Avenida, tan cerca de nuesyros ojos y tan lejos de nuestra vida.