jueves, 15 de abril de 2010

Cuando una mujer sabe mirar a los ojos

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 16 de abril, 2010.

(Ashley Dupre, ex prostituta de 24 años de edad quien fue la principal causante del fin de la carrera de Eliot Spitzer, Gobernador de Nueva York, cuando en marzo del 2008 fue acusado de mantener, administrar y disfrutar de una red de prostitución creada por él en su Estado). De algo sirven las buenas series de TV como esas que nos pone frente al espejo para vernos reflejados o las que cuestionan los valores de una sociedad y nos ponemos el saco cuando nos queda o cuando aparece gente íntegra, como si fuera real, esa que no duda de sus valores y que sabe ver a los ojos sin miedo de descubrir la realidad de lo se oculta o piensa; series en las que podemos ver a su héroe, en este caso heroína, de estas épocas en donde parece que han desaparecido los valores y que sólo estamos rodeados por la ambición desmedida y la corrupción que oxida al más pintado de los aceros.

Cuando vemos a una mujer que tiene el valor y la capacidad de entender la cruda realidad cuando ve a los ojos y sabe o intuye de esa manera quién la quiere engañar o quién intenta tomarle el pelo o quién la va a traicionar, se convierte en una experiencia gratificante que tienen sus raíces en los valores éticos con los que se construye el edificio de la sociedad.

The Good Wife es una serie producida por Ridley y Tony Scott que se trasmite los lunes por Universal Channel. Por desgracia repiten capítulos al azar y, sólo de vez en cuando, avanza la historia el día menos pensado. Los guionistas son Michelle y Robert King y, el personaje principal, es Alicia Florrick (Julianna Margulies,1966-), “la buena esposa”, madre de dos hijos que ha sido engañada por su esposo, el ex Fiscal de Justicia o prosecutor condenado por corrupción y de una conducta poco ética, pues engaña a su mujer con una prostituta que paga con dinero del Estado.

Alicia trabaja como abogada en Stern, Lockhart & Gardner y la trama gira alrededor de su vida privada, de los casos que atiende como abogada, de la lucha por el poder y el empleo en el despacho de abogados y de la desilusión amorosa que sufre esta mujer que ha sido engañada, así como, el juicio de su marido que se ventila en los juzgados presenciales al estilo americano.

Parece que se han basado en casos de la vida real como aquel de Eliot Spitzer, gobernador de Nueva York que en los idus de marzo del 2008 fue acusado de mantener, administrar y disfrutar de una red de prostitutas. Ese mismo día lo vimos en la TV al lado y de la mano de Silda su esposa —como Alicia Florrick—, las declaraciones públicas giraban alrededor de que estaba apenado por no haber cumplido con lo que se esperaba de él y que “por esa razón, estoy renunciando a la oficina del gobernador”... A Silda le temblaban las piernas de coraje y de vergüenza mientras que su marido reconocía lo que había hecho frente las cámaras. La grieta en la pared que nunca se puede arreglar.

El asunto es de faldas, como fue el de John Edwards —candidato presidencial en el 2008 por el Partido Demócrata— que presumía de ser la cabeza de una familia perfecta hasta que el National Enquirer descubrió que engañaba a su mujer —enferma de cáncer terminal— y que pagaba a su amante con los fondos de su campaña. El periodista está nominado al premio Pulitzer 2010.

The Good Wife resulta fascinante porque nos podemos asomar al crudo mundo de la justicia para verla al desnudo, con sus recovecos e impurezas, donde Alice va librando su vida por ser, entre otras cosas una mujer confiable, vertical como la columna de San Marcos en Venecia, que dice lo que tienen que decir y exige que le den lo mismo que ella da, sosteniendo de esa manera el edificio de su vida, mirando firme a los ojos de los demás para intuir eso que está detrás, sin temor alguno.