Magritte y los rostros cubiertos

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 9 de abril, 2010.


(Los amantes, 1927.) Cuando René Magritte tenía catorce años, su madre se suicidó ahogándose en el río Sambre, un afluente del Mosa que corre entre Francia y Bélgica. Un día después, cuando sacaban su cuerpo río abajo, René vio cómo su madre salía del agua con el rostro tapado por su falda. Nunca se le pudo olvidar esta escena y, como podemos imaginarnos, el impacto fue brutal. Tal vez por eso, años después, los rostros tapados con trapos sería el leit motiv de varios de sus cuadros que, con el tiempo, lo hicieron famoso. Había repetido aquello que vio a la orilla del Sambre y el rostro de sus modelos los cubría con unos trapos, como lo podemos ver en Los amantes hecho en 1927.

Luego decidió que, mejor que taparlos, los dejaría huecos ya sea que nos dan la espalda, como ese hombre elegante con sombrero de hongo que está viendo el paisaje o que nos vean de frente, lo que vemos en lugar de su rostro es el cielo azul y unas nubes que casi siempre andan por ahí.

Intentó la pintura surrealistas y por eso pinta una pipa y debajo escribe: Esto NO es una pipa, es decir, esto es la imagen o el concepto de esa cosa que conocemos como pipa y que sirve para fumar tabaco.

Satisfizo su curiosidad —y la nuestra— con los objetos tridimensionales en la tela bidimensional y, sorprendido de las transformaciones, prueba el cubismo que venía desde 1907 encabezado Picasso, Braques y Juan Gris.

También se recreó con los paisajes y la naturaleza pero sin salir al aire libre y sin modelo alguno, reproduciendo sólo el paisaje que se imaginaba; intentó el futurismo —como en literatura lo había hecho Julio Verne unos años antes con su novela De la Tierra a la Luna y más adelante trabajó con el purismo, manteniendo los principios tanto de su doctrina como de sus costumbres.

Influenciado por La canción de amor (1926) de Giorgio de Chirico, se interesó en los misterios que están detrás de la vida y de lo irracional, como puede ser el efecto de yuxtaponer varios objetos en una obra plástica. Para 1927 se va a vivir a París —que bien vale una misa, como aseguraba en 1594 Enrique de Navarra, el rey protestante—, para dejarse envolver en la modernidad y seguir probando nuevas formas de expresión —tal como le pasó a Diego Rivera de 1907 a 1916, cuando estuvo en la ciudad Luz—, donde no pudo, ni quiso escaparse de su influencia y de la pasión por lo nuevo. Esos años en París fueron el parteaguas de la historia del arte moderno y la cuna de toda inspiración pictórica y literaria.

Con su ilusionismo, Magritte aporta algunas obras al movimiento surrealista expresando con agudeza e ironía el debate que provocaba gracias a la múltiples lecturas que podía haber de una misma obra.

A partir de 1926, trabaja en el realismo mágico —como en la literatura de Joao Guimaraes Rosa y su Gran Sertón Veredas o en los 50’s con Juan Rulfo y su Pedro Páramo o en los 80’s con el chiapaneco Eraclio Zepeda y el colombiano García Márquez. Magritte investiga las relación que hay entre las palabras y su imagen y pinta La perfidia de las imágenes (1928) con la famosa pipa y el texto que ya hemos mencionado: Ceci n'est pas une pipe, escribió, cuestionando la realidad pictórica y la realidad real o con El espejo falso donde el ojo refleja nubes blancas y el cielo azul como si fuera una ventana.

Por todo esto vale la pena ver la exposición de René Magritte que está en el Palacio de Bellas Artes, donde podremos explorar la relación entre lo real y la ilusión y donde podremos entender la tragedia de su madre con los rostros cubiertos de sus modelos.