miércoles, 28 de abril de 2010

Mambo de Oz: lo inaudito en lo cotidiano

El Universal, La Guía del Ocio, sábado 1 de mayo, 2010.

( Muriel (Magda) Ricard). Rodrigo Johnson ha vuelto a hacer de las suyas y ocupa de nuevo otro espacio alternativo para montar su obra, tal como lo hizo hace años en su departamento con Cartas a Mamá, una obra basada en el guión radiofónico de Voces de familia de Harold Pinter, adaptado por David Olguín, que ganó el Premio Héctor Azar a la mejor obra de teatro de grupo. Ahora es Mambo de Oz la obra que vuelve a poner en escena, no como la puso hace un año en el alternativo salón de juegos infantiles, sino en el sótano del Teatro El Milagro donde la escenografía —ese extraño campo de batalla— le permite a los actores desplegar sus habilidades y ofrecernos el tono deseado para que nos sacuda el alma.

Cuando todo en la vida parece una rutina, de pronto, sucede el efecto mariposa y tenemos la gran sorpresa, que creemos es algo excepcional, pero que resulta ser parte de nuestra vida cotidiana: lo inaudito en lo cotidiano.

Esta obra fue escrita por el venezolano Luis Selkovich, adaptada y dirigida por Rodrigo Johnson que nos enfrenta a lo inesperado. En esta historia vemos a Alberto (Humberto Solórzano), que había sido un galán de telenovela que tuvo sus quince minutos de éxito, que ahora lucha para mantener a su hijo Beto (Diego Sosa), un adolescente nacido con una especie de lesión cerebral que lo ha convertido en un joven discapacitado, dependiente y al cuidado de su vecina Magda (Muriel Ricard), enamorada de aquel que había sido galán de la TV. Ella le hace el favor de cuidar al joven mientras su padre sale a trabajar gracias a las chambas que le consigue su agente (también Muriel Ricard) y que, de repente, es el payaso de una fiesta infantil que lo hace con tal de seguir a flote.

Su vida es una rutina: entretiene a su hijo y juega con él; de repente, representa alguno de los papeles que a él le hubiera gustado hacer —mentira piadosa— y siempre le trae un regalito, el que sea, baratito o de la fiesta, con tal de que se entretenga.

La vida sigue y de pronto, somos testigos de uno de esos pequeños grandes cambios en la vida del hijo, así como la estrategia seductora y los deseos de Magda para lograr seducir al padre, ofreciéndose primero al hijo, como si fuera un atajo en donde logra despertar el deseo sexual del hijo discapacitado que se convertirse en un detonador que hace explotar la estrategia amorosa, rompiendo con eso la rutina.

—¿Qué tal —se preguntaba Magda— si le enseño lo que es la vida sexual a Beto y logro el agradecimiento eterno de su padre?

Pero la vida nos da sorpresas y, una vez que el hijo disfruta de la exaltación del sexo, éste se despierta de una especie de somnolencia disfuncional gracias a la experiencia abrumadora con Magda, de tal manera que se lleva a cabo el flujo de la pasión desenfrenada, obsesiva y posesiva que casi siempre viene junto con los celos y el complejo de Edípo soterrado en todos nosotros y que, en Tebas, terminó en tragedia.

Por eso, salen a flor de piel los deseos del adolescente como en las leyendas y los mitos griegos —como Cronos y sus hijos—, para trastornar la realidad y lograr que sus recónditos propósitos se lleven a cabo de tal manera que el público viva, una vez más, una catarsis, atrapado en ese espacio alternativo que escogió Rodrigo para representar lo inaudito, como si fuera parte de la vida rutinaria.

Se estrena este sábado 1º de mayo y estará en cartelera los sábados y domingos a las 13:00 horas en el sótano del Teatro El Milagro en la calle de Milán 24, Col. Juárez.