miércoles, 5 de mayo de 2010

Hace mucho que te quiero Kristin

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 7 de mayo, 2010.


(Kristin Scott Thomas como Masha en la obra de Chéjov). Casi todos los papeles que ha hecho Kristin Scott Thomas —a excepción de la amante del paciente inglés, cuando éste estaba en plenitud de sus funciones—, es el de una mujer introvertida que contiene sus emociones, que es incapaz de desahogar su carga emocional y que se comporta de una manera extraña: metida en sí misma, solitaria, egoísta o frígida, puede ser una amante apasionada si logramos ponerle el dedo en la llaga.

Esta contención es notable en la película de Philippe Claudel (1962-), Il y a longtemps que je t’aime — Hace mucho que te quiero —todavía en cartelera— y la contención de Juiliette Fontaine es tal, que marca el ritmo de la película, para hacerla un poco lenta, como si de esa manera pudiéramos soportar la soledad.

Esta es una de esas películas que entre menos sepamos de qué se trata, más la disfrutamos. Por eso, como ustedes se podrán imaginar, me contengo —como ella— de contar lo que sucede y, por eso, no escribo sobre su trama, negándome a hacer algún comentario por respeto a mis lectores. Mejor, el recuerdo del amor que les he tenido, desde hace mucho tiempo, a las mujeres que son como Kristin.

Cuando la vimos en Cuatro bodas y un funeral (1994), era Fiona una soltera enamorada sin ser correspondida por Charles (Hugo Grant), que no se enteró de esa pasión hasta poco antes del funeral de su amigo, cuando ya era demasiado tarde, pues en una boda se le había atravesado Andie MacDowell en el papel de Carrie, una gringuita de no malos bigotes.

En Londres la vimos como Masha, una de Las Tres hermanas de Chéjov en el 2003, una mujer que se evadía su realidad leyendo un libro y chiflando una melodía mientras sus hermanas recordaban con nostalgia sus años en Moscú. Casada a los 18 años de edad con el profesor de la prepa que le pareció un hombre talentoso, ahora, lee y chifla hasta el día que llegó Vasili Vasilévich de Moscú, el sargento enamorado, un romántico, melancólico e infeliz capitán, casado con una mujer suicida. Masha se deja seducir y al final la vemos cómo se desvanece después de besarlo en la boca, sin importarle que su marido estuviera al lado, sólo para quedar abandonada y sin esperanza alguna. Por cosas como esas, hace mucho que la quiero.

La vimos como Lady Anne en Ricardo III (1995) con Ian MacKellen quien, a pesar de haber matado a su esposo y a su suegro, la seduce para poseerla por poco tiempo, como dice en un aparte con el cinismo que lo caracteriza.

Kristin Scott Thomas nació en Redruth, Cornwall (Cornualles) en 1960, al suroeste de Inglaterra, una de las regiones más visitada de la Isla y escenario de las leyendas del rey Arturo y de Tristán e Isolda. A los cuatro años, huérfana de padre, se mudó a Dorset y a los 19 se fue a estudiar a París a la École des Arts et Techniques du Théâtre con su maestro, Marcel Bozonnet. Desde entonces vive en Francia. Se casó con el doctor Francois Oliviennes con quien vivió hasta el 2005 y con quien tuvo tres hijos.

Kristin se considera más francesa que inglesa: habla y actúa en francés como si fuese una nativa y ahora, que cumple 50 años, no le importa confesar su edad —aunque a veces dice una que otra mentirita. Disfruta ser actriz de cine en donde dice que vive ocho vidas diferentes, pero le gusta más el teatro, donde la experiencia es poderosa y perdura más tiempo.

Me he contenido y no he hablado de la trama de la película. Seguro me he mimetizado pues desde hace mucho, no sé por qué, me han gustado mucho ese tipo de mujeres.