miércoles, 9 de junio de 2010

El arco y la flecha a propósito de Robin Hood

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 11 de junio, 2010.


(Russell Crow como Robin Hood en la película que dirige Ridley Scott). La venganza se ejecuta mientras Godfrey, el poderoso consejero del rey, huye a caballo por la playa y Robin, el vengador y hasta ese momento uno de los mejores arqueros de Inglaterra, coloca la flecha, curva la madera, tensa la cuerda y la suelta la saeta para que recorra el espacio en una curva calculada con precisión para que pegue en el blanco para nuestra satisfacción y le atraviese el cuello como por el arte de la magia como esa que se estila en los cuentos y en las leyendas como la que Ridley Scott nos cuenta ahora desde una perspectiva histórica, en una película que ya tiene rato en cartelera y, por eso, supongo que la han visto, en donde volvemos a saber de este personaje legendario.

Me gustaría compartir algunas citas asociadas con el arco y la flecha de Robin Longstride (Russell Crow) —el Robin Hood de los bosques de Nottingham—, que toda su vida intenta vengarse de los que abusan del poder, amparados por la corona de Inglaterra a finales del XII o principios del XIII de nuestra era.

Me viene a la cabeza esto que tiene que ver con la flecha —independiente del recuerdo de un accidente que produje cuando era niño y me sentía el Robin Hood del Paseo de la Reforma, cuando, sin querer, tensé el arco, libré la flecha y le di cerca del ojo a uno de mis primos —Adrián Cañedo—un fin de semana que la pasaba en mi casa: terminamos en el hospital y no paso a mayores.

El viejo Rey Lear, herido en su vanidad cuando Cordelia, la hija menor y la más consentida, no cree necesario declarar públicamente que su padre es lo que más quería en su vida, Lear en plena senectud enloquece, la ofende, la desconoce, la deshereda y Kent, su fiel amigo, repara a favor de la pequeña Cordelia diciéndole a al rey que estaba cometiendo un error:

— ¡Cuidado Kent! —le advierte Lear—, el arco está curvado y tenso; evita la flecha.
Sin inmutarse, Kent le responde:
— Deja que se dispare. No importa que la punta se clave del lado del corazón.

El arco y la flecha —y no la lira, tal como lo usó Octavio Paz—, me hicieron recordar las disculpas que el príncipe Hamlet le hace a su amigo Laertes, hermano de Ofelia e hijos de Polonio, a quien mató por equivocación en el cuarto de la reina mientras le discutía su amor al tío Claudio, provocado por los celos en un momento en que estaba medio enloquecido el buen Hamlet quien después de haber librado la vida cuando fue enviado a Inglaterra con Guildenstern y Rosencrantz y ya de vuelta en Elsinore, antes de empezar un duelo a doce asaltos con florete y daga, planeado para acabar con el príncipe, Hamlet le pide disculpas a su amigo diciéndole:

— Ante todos declaro que mi intención no fue la de ofenderte y espero que me absuelva tu generoso ánimo y considere que disparé una flecha que, al cruzar encima de la casa, vino a herir a mi hermano.

Habla de la flecha lanzada por el arco largo —longbow— diseñado por los ingleses desde la temprana Edad Media, con el que lograron varias victorias. Los arcos estaban hechos de madera de tejo y de sus arqueros que practicaban su alcance con unas flechas bien equilibradas con plumas de ganso y que podían lanzar hasta diez por minuto, muchas más que las ballestas, tal como lo vemos en esta versión de Robin Hood que empieza con la muerte de Ricardo Corazón de León (1199), y sigue con Juan Sin Tierra hasta que se niega a firmar la Carta Magna, aunque la firma en 1215, un año antes de morir y que resultó ser el antecedente de los regímenes políticos modernos, en donde el poder se ve limitado por un congreso o parlamento.