El mundial en 3D, una realidad virtual

El Informador, Tertulia, sábado 26 de junio, 2010.

(Soccer City en Johannes- burgo). Todo parece indicar que la 3D llegó para quedarse y ser parte de nuestra realidad aunque esta sea virtual como la que ahora disfrutamos con singular alegría. Por virtual me refiero a la tecnología que nos permite reproducir los sucesos de tal manera que uno tiene la sensación de estar en el centro de la acción como parte de un espacio tridimensional —como si estuviera uno ahí mismo— y, sin embargo, saber que son varios efectos ópticos que nos permiten observar a un conjunto de imágenes en movimiento como si fuesen reales.

Hace cinco años trabajé con Felipe Bracho en el proyecto de Enciclomedia primaria donde, entre otras cosas, construimos varios viajes virtuales —bidimensionales, pero con 360º de visibilidad— de los sitios arqueológicos para que los estudiantes pudieran llegar, recorrer los edificios y ver sus detalles. Lástima que la estupidez en los cambios sexenales de la SEP los hayan guardado en su escritorio.

Pero la 3D llegó para quedarse y no sólo en producciones cinematográficas como Avatar o Alicia en el país de las maravillas con esas mariposas que volaban a nuestro lado, sino en la TV y con las transmisiones en vivo y en directo, contundentes, cercanas a la realidad virtual y lejanas de donde estamos, como algunos de los partidos del mundial que transmiten en vivo y directo en 3D ahora en algunas salas de Cinépolis, como fue el partido en el Soccer City de Johannesburgo —donde sí tienen esa tecnología— cuando vimos a Brasil vs. Costa de Marfil y, mañana —¡Dios mío!—, a México vs. Argentina.

Tuvimos la sensación de estar a nivel de cancha tal como nos ofrecen esas cámaras que nos acercan la jugada y a los jugadores como si estuviésemos en la banca con las reservas. Cuando celebraban los brasileños su gol, estaban muy cerca de nosotros.

Dos sugerencias con el sonido: una, que le bajen el volumen de los cronistas que atarantan tanto, pues, si estuviéramos, como creemos haberlo estado en el mismo Estadio, no habría narración altisonante. Dos, que escuchemos más el ambiente del Estadio, pues eso nos acercaría más a tener la sensación de estar ahí mismo.

Los teóricos califican los niveles de la virtualidad y su semejanza con la realidad uno, si son compartidas y percibidas como un acto colectivo y, dos, si están relacionados con el mundo físico y una producción artística: les prometo que lo que vimos durante 90 minutos lo compartimos colectivamente —con todo y sus emociones— y estrictamente hablando fue una coreografía improvisada en el espacio por once jugadores de cada lado, moviéndose de tal manera que pretendían ganarle al otro. Por eso digo que estas transmisiones han logrado una virtualidad casi perfecta.