miércoles, 23 de junio de 2010

Mahler: su vida contenida en sus obras

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 25 de junio, 2010.


(Alma y su hija Anna). Si Alma Schindler hubiese escuchado a fondo las composiciones que Mahler tenía listas en 1901 cuando la empezó a cortejar, tal vez hubiese sabido a qué atenerse y le hubiera costado menos adaptarse a su vida matrimonial, pues sabemos que esas obras están entretejidas tanto con algunos elementos de su vida interior como otros externos pero que, en su conjunto, son la clave para conocer su verdadera naturaleza: toda mi vida está contenida en mi obra —escribió Mahler— y he puesto en ellas mi experiencia, mis sentimientos y mis sufrimientos... cualquiera que sepa escucharlas, podrá ver con claridad cómo soy y cuál ha sido mi vida...

Alma Schindler, diecinueve años más joven que Gustav Mahler, decidió atrapar a la joya de la corona musical de Viena para dejarse exprimir hasta que enviudó, nueve años después en 1911, con suficiente jugo como para que Gropius y Werfel la disfrutaran como se disfruta de una fruta madura.

Gustav era el hermano mayor de catorce y trató de evadir la realidad y se escondió detrás de su piano, pues tenía un padre que acosaba a las sirvientas, dominaba a su esposa, la frágil Marie y era brutal con sus hijos, pues, a la menor provocación, los azotaba furibundo. Todo esto sucedía en medio de un paisaje idílico como es Bohemia, donde creció hasta que se fue a estudiar a Viena.

El jueves 1º de julio inicia la temporada 2010 de la Orquesta Sinfónica de Minería bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto en la Sala Nezahuacóyotl donde podremos escuchar, entre otras obras, las primeras cinco sinfonías de Mahler que revisaré cada otra semana, para ver si descubro nuevos elementos que nos permita disfrutarlas más.

Sabemos que Justine, una de sus hermanas más queridas de Gustav, jugó de niña a la muertita encendiendo veladoras a su alrededor y acostándose en el centro como si fuera la difunta. Esta escena que la que vimos después en los Juegos prohibidos (1952) de René Climent, le vuelve a suceder a Mahler cuando era director de orquesta y un día, al entrar a su camerino, se ve rodeado de flores y se siente, aterrado, como el difunto al que están velando. Todo esto, lo escucharemos en la Segunda Sinfonía cuando trata de esos ritos funerarios con conocimiento de causa.

En su obra va incorporando la angustia que puede uno sentir al tratar de disfrutar la belleza efímera, así como, la fragilidad de las emociones, al mismo tiempo que trata de responder varias preguntas como, ¿qué tan oscuros son los cimientos sobre los que levantamos nuestra vida? ¿Por qué tenemos que trabajar tan duro y sufrir tantas penas? ¿Cómo poder entender que haya tanta crueldad y malicia en una creación que se supone realizó un Dios todo bondadoso?

Mahler sabía que sus obras deberían sostenerse musicalmente sin mayores explicaciones, pero también sabemos que, en cada una de ellas había puesto elementos subjetivos y cosas del mundo exterior, como eran el canto de los pájaros, las marchas militares, las fanfarrias y el sonido de las campanas y algunos fragmentos de música popular y que todo esto, lo entretejía con su mundo interior para dejarnos a nosotros que confrontáramos esos dos mundos y pudiéramos vernos reflejados en ese espejo, en donde podemos reconocer algunas de nuestras emociones y sentimientos alrededor de la vida, el amor y la muerte.

En general, la obra de Mahler tiene una espiritualidad sin límites —lo sabía Alma Mahler, pues decía que se había inspirado en Bruckner— y, con esa mezcla que hizo de los sentimientos interiores y los efectos externos, encontramos expresiones que van desde su delirio de grandeza (maestoso), como el silencio y los movimientos fluidos (in ruhig fliessender Bewegung) y nostálgicos, como también otros momentos de alegría e inocencia, entre la vida y la muerte y lo que encontramos de por medio.