jueves, 22 de julio de 2010

Cambios en el gabinete, caballeros, gobernantes y poetas

El Informador, Tertulia, sábado 24 de julio, 2010.


(José Luis Ibáñez, quien coordina el taller de Cervantes en Shakespeare y viceversa). Como muchos otros me pregunto a qué se deben los cambios en el gabinete a estas alturas del sexenio, como también me pregunto cuáles son los objetivos que busca el señor en Los Pinos. Pasan los días, el agua se aclara y me imagino las razones que tiene para integrar un gabinete, más que otra cosa, que sea fieles panistas a ese partido que desea dirigir desde la casa presidencial para ver si logra amortiguar los efectos de la alternancia aunque no sean los que uno se espera tengan en las funciones que deben cumplir, pues tal parece que éstas se encuentran detrás de las estrategias políticas partidistas, en vista de las elecciones del 2012.

Está claro, aunque no estemos de acuerdo, que se trata de una vuelta de tuerca, igual, pero en un sentido contrario a las que daba el PRI en su época de oro, para mantenerse en el poder.

Todo esto me lo pregunto mientras acepto la invitación de José Luis Ibáñez a su taller sobre Cervantes en Shakespeare y viceversa por lo que he estado releyendo a Don Quijote de la Mancha —deliciosa lectura— y encontrarme lo que el Caballero de los Leones opina sobre los caballeros de su época —o los políticos de la nuestra—, en donde unos van por el ancho campo de la ambición soberbia, otros por el de la adulación servil y baja, otros por el de la hipocresía engañosa, y algunos más por el de la religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la honra.

Y antes que Sancho Panza sea nombrado Gobernador la ínsula de la Barataria, escucha los consejos de don Quijote que sabe por experiencia que no es menester ni se requiere de mucha habilidad ni de muchas letras para ser gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos gerifaltes —es decir, como los depredadores halcones o mejor, como los ladrones, que viene más a cuento.

Es la España del siglo XVII. Es el año de 1615 cuando se publica la segunda parte del Quijote, un año antes de que Cervantes y Shakespeare abandonaran este mundo, por coincidencia el mismo día de abril de 1616 y, por ahí recuerdo lo que pidió el poeta de Stratford (Soneto 71), cuando solicitó que no lloraran por él cuando haya muerto más de lo que duraba el fúnebre clamor de las campanas anunciando al mundo que había huido para cohabitar con los gusanos.

Así anduvimos esta semana, entre los cambios de gabinete, los caballeros andantes y gobernadores de ínsulas, para cerrar con la poesía. No estuvo nada mal, ¿no cree?