jueves, 15 de julio de 2010

El deseo de levantarse de la lona

El Informador, Tertulia, sábado 17 de julio, 2010.


(Greg Hicks de la Royal Shakespeare Company como Leontes). Este fin de semana la Orquesta Sinfónica de Minería interpretará en la ciudad de México la Segunda Sinfonía de Mahler también conocida como Resurrección en donde se expresa el deseo del hombre por tener una segunda oportunidad o la de volver a nacer o de renacer y resucitar para levantarse de la lona, sobre todo si ya nos creíamos muertos. Este es un deseo que también lo he podido experimentar en el teatro.

Por eso, antes de vernos reflejados en el espejo de esta Sinfonía de Mahler, lo hice patente en una de las últimas obras de Shakespeare en donde la trama da la vuelta completa y el personaje principal tiene una segunda oportunidad para pedir perdón a quien perdón merece, reencuentra a los que ha perdido por insolencia, vanidad o locura y, asu vez, puede ser perdonado.

Ese es el caso de Leontes, rey de Sicilia en El cuento de invierno quien, después de enloquecer de celos con Políxenes, rey de Bohemia, su mejor amigo desde la infancia culpa a Hermiona su mujer de haberlo engañado y decide encerrarla en una celda, embarazada, a punto de parir; Mamilio, su hijo pequeño, muere de tristeza, mientras su madre da a luz una hija que el rey desconoce y por su locura, la manda matar. El verdugo la abandona en el campo de Bohemia donde es recogida —como Edipo— por unos pastores. Le llaman Perdita y crece entre ellos hasta que, enamorada, huye a Sicilia donde reencuentra a su padre, su madre vuelve a la vida y Leontes tiene una segunda oportunidad para perdonar y ser perdonado.

Con la Segunda Sinfonía de Mahler podemos imaginar estos mismos deseos y, de alguna manera, volver a ser testigos musicalmente de cómo, a pesar de sus debilidades y fortalezas, el hombre muestra esta dualidad de sentimientos que padecemos —vida y muerte— hasta la resurrección y la sensación de volver a la vida.

La Orquesta de Minería la va interpretar bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto que, hace un par de semanas, dirigió la Primera Sinfonía de una manera tan clara —como el agua de un arroyo que fluye bajo la luz prístina— pues nunca antes había escuchado una obra de Mahler en vivo con esa sensibilidad donde tiembla cuando es necesario y explota cuando se trata de la voluptuosidad.

Puede uno imaginar el juicio final, como ese que hacemos por las noches, cuando intentamos reconstruir los puentes dañados y soñamos en tener una segunda oportunidad —para perdonar y ser perdonado—, como esos deseos del hombre que dos artistas como Mahler y Shakespeare, entre otros, nos permiten vernos reflejado en sus espejos, para satisfacer el deseo y la sensación de volver a nacer y de levantarnos de la lona.