jueves, 8 de julio de 2010

Para celebrar la alternancia

El Informador, Tertulia, sábado 10 de julio, 2010.

(Vista panorámica de Puebla de los Ángeles). El mundo de la política no es como si fuera un teatro, sino que es el teatro por excelencia y por eso nos interesa comentar la reciente puesta en escena en donde pudimos ser testigos de una de las tramas de nuestro sistema democrático y que, si bien tiene sus fallas, todavía permite que haya alternancia y eso simplemente, renueva el espíritu y debemos celebrarlo, sobre todo, por lo que se logró en dos Estados que parecían inamovibles.

Hemos visto que en Puebla y Oaxaca la gente decidió por el cambio: en Puebla en contra del “Gober-precioso” y, en Oaxaca, en contra de un cacicazgo anacrónico que tenía sumido a ese Estado en el más absoluto subdesarrollo.

Los gobiernos en el poder son representantes del PRI y, en el 2007 pensamos que Beatriz Paredes recién llegada a su presidencia, debió haber promovido los juicios necesarios para decidir si merecía o no ser expulsado de su Partido el Gober-Marín, aplicando lo que dicen en su plataforma política, donde afirman que el compromiso de los priístas es la de aportar su esfuerzo a la urgente tarea de hacer prevalecer las normas de una estricta moral política en sus propias filas y entre los ciudadanos de origen priísta que ocupan cargos de representación popular y en el aparato administrativo. Los priístas comparten el reclamo generalizado por abatir la corrupción pública en sus diversas manifestaciones, el tráfico de influencias, el uso indebido de los bienes patrimoniales del país y la desviación de recursos oficiales con fines partidistas.

Ninguna de estas cláusulas fue aplicada en ninguno de esos dos gobernantes, pero ahora se da una alternancia que nadie creía iba a ser posible. De Oaxaca sale el PRI-caciquil que dominaba ese territorio donde se privilegiaba al poder de los caciques y de Puebla al gobernador que, entre otras cosas, ejerció el tráfico de influencias.

Ahora no hay más que la esperanza por un futuro mejor, y no es más que una posibilidad de mejorar el gobierno, pero el cambio se dio y eso debemos celebrarlo pues la estructura del poder, la falta de escrúpulos, la corrupción y el tráfico de influencias —sancionado en su plataforma—, así como, la cloaca que destapó Lydia Cacho —que se jugó la vida—, no fue suficiente para juzgar la moral política de estos priístas con cargos públicos.

Imperfecta nuestra democracia, ha demostrado tener la capacidad de reconocer las fallas e imperfecciones de los gobernantes y, sin importar el partido o la coalición, han demostrado que los podemos cambiar y ese es un buen síntoma de una democracia saludable pues la ventaja al poder expresar nuestra inconformidad con el gobierno en el poder es tal que cada vez esperamos sea mejor.