jueves, 5 de agosto de 2010

Bajo el volcán

El Informador, Tertulia, sábado 8 de agosto, 2010.


(Varios volcanes del eje neovolcánico). Cuando un empresario decide reinvertir su utilidades en la misma ciudad que lo vio crecer y que le permitió llegar hasta donde ha llegado, le está regresando de esta manera todos los favores recibidos y si a estas utilidades le agrega los créditos multimillonarios que se necesitaron sin saber bien a bien cuando lo va a recuperar, creemos que tiene un valor extraordinario desde este punto de vista.

El problema de los juicios de parte de la gente ante una decisión de esta naturaleza, en donde el inversionista se está jugando el todo por el todo y deja de considerar la tasa de retorno, produce una buena cantidad de reacciones y de comentarios que, muchas veces, nada tiene que ver con el valor que tienen en sí mismo y que se requiere para hacerlo, sino que se reduce a un chismorreo provinciano lleno de envidia y de celos, como sucede en los lavaderos del quinto patio.

Si estas inversiones millonarias se realizan en el ámbito deportivo en donde las pasiones pesan más que la razón misma, con una cierta perversidad, esto que es una acción privada en agradecimiento a su ciudad, se convierte más bien en la novela Bajo el volcán de Malcolm Lowry, en donde son los humos del alcohol los que despiertan las pasiones y el fanatismo correspondiente como el que sabemos existe en el fútbol. Por eso, que no es de extrañar que esta inversión provoque más de un comentario desatinado.

Pero, la verdad de las cosas, es que el viernes pasado, como otros millones de curiosos, fuimos testigos a través de la TV del resultado de esta inversión llamado Estadio Omnilife que será, entre otras cosas, la casa de las Chivas del Guadalajara y que, en el sentido estricto de lo que vimos, es un verdadero palacio de los deportes, hecho con toda la mano y con lo mejor de lo mejor que puede haber en Guadalajara o en cualquier otra parte del mundo civilizado y que seguramente ha implicado —supongo—, una buena cantidad de sacrificios y fatigas para lograrlo, además de haber sobrepasado las crisis de la primera década del siglo.

El diseño es de Studio Massaud Pouzet de Francia y HOK y está hecho inspirados en los volcanes del “eje neovolcánico” en el paralelo 19° N que va de las islas Revillagigedo en el Pacifico hasta el Golfo de México, pasando por Jalisco llamado así como resultado de un abrupto surgimiento de varios de ellos, como el Paricutín en 1943.
Los tapatíos y los mexicanos —independientemente del equipo al que le vayan—, estamos orgullosos y agradecidos al ver el nacimiento de este nuevo volcán deportivo hecho con una inversión privada y con toda la mano. ¡Felicidades!