Los héroes de la isla

El Informador, Tertulia, sábado 14 de agosto, 2010.


Una manera de entender mejor la historia es asociarla con lo que en verdad nos interesa, como en mi caso fue la curiosidad por conocer de aquellos hombres y mujeres que transformaron lo que era pueblo de pescadores en la Villa de Chapala que, desde hace un siglo es un lugar perfecto para descansar, para enamorarse y para bailar a la luz de la Luna.

Tenía curiosidad de saber en detalle lo que había pasado en la Isla de Mezcala y las batallas navales como las que hubo durante la guerra de Independencia hace dos siglos alrededor de esa isla, cuyo único tesoro estaba constituido por la defensa a muerte de sus ideas, relacionadas con el movimiento independiente, porque todo lo demás era lo de menos.

Nuestros héroes se defendieron durante cinco años seguidos de 1812 a 1816, en contra de los ejércitos realistas. José Encarnación Rosas fue uno de ellos —en su honor le pusieron su nombre al mercado en Chapala—, quien se refugió en la isla para defenderse con varios hombres que apoyaron su liderazgo. Todo lo que tenían era su valor y trece cañones de no muy largo alcance.

La laguna rebosando como ahora lo está, la imaginamos como escenario de batallas navales, aunque desde la isla tenían el problema era del abasto de comida, municiones y pólvora y poder mantenerse porque dependían de que los temporales no les tiraran sus jacales y de que sus viejas se las ingeniaran para ver cómo le hacían para atenderlos.

Poco a poco perfeccionaron la defensa y construyeron una contramuralla al ras del agua para que encallaran, como le pasó al buque español San Fernando que se quedó varado Encarnación aprovechó para desfogarse, acabando primero con Felipe García y los doscientos hombres que lo acompañaban. También se pudieron hacer de un cañón, dos canoas y una caja de parque.

Eran guerrilleros lacustres que habitaban la isla de Mezcala, asediada y sitiada por los realistas. No podían bajar la guardia nunca como sucedió en noviembre del 16 cuando, agotados, los realistas tomaron la isla y si se rendían, les darían indulto.

Para esas fechas murió José Encarnación Rosas y no se volvió a saber de él, ni de su esposa, ni de sus hijos. Para el 25 de noviembre tomó posesión el general Cruz y cuando les preguntó por los prisioneros, le contestaron: ¡Pus quien sabe siñor, a lo mejor se juyeron! Nadie tenía idea de lo que les había pasado a esos prisioneros al final de estos tiempos.

Para 1821, consumada la Independencia, la Isla de Mezcala quedaba en manos del ejército trigarante y sólo faltaba decidir qué clase de gobierno a tener, pero esa, es otra historia.