Los enredos de Calderón (de la Barca)

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 7 de agosto, 2010.

(Sonia Franco y Marian Gajá en Casa con dos puertas, mala es de guardar). La seducción y el amor a primera vista hacen que Lisardo (Antonio Rojas) regrese a Ocaña con todo y Calabazas, su criado (Martín Becerra) y así, con ese punto de derecha, empiece Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) a tejer una de las comedias más graciosas que he visto últimamente. Para el punto de revés utiliza a Laura (Sonia Franco), que sufre de celos con don Félix (Ortos Soyuz), tantos que le hacen ver las cosas de una manera diferente.

El tejido con agujas del “dos y medio” empieza con el pie derecho para asegurar que la Casa con dos puertas, mala es de guardar que dirige Gilberto Guerrero que, cuando deja de importarnos el “vos sois” y el “habéis sido” anacrónicos, empezamos a gozar del buen humor que se despliega por todo el entramado de esta comedia de equívocos.

— ¿Qué es esto, cielos? —dice Laura— que más que cielos son celos, porque una ardiente rabia el sentimiento agravia, una rabiosa ira que la razón admira, un compuesto veneno de que el pecho está lleno y una templada furia que el corazón injuria son para quien los mira: furia, rabia, veneno, injuria e ira.

Estas son —más o menos— las puntadas del tejido y la manera que inician los enredos: don Félix está enamorado de Laura pero tiene que aclararle por qué visitaba a Nise, de la que estaba celosa, diciéndole más que amor, era un ensayo, para luego amarla más a ella:

— Déjame explicarte con este ejemplo —le dice don Félix—, si nace ciego un hombre y se le ocurre saber cómo será el resplandor del sol, pero cuando lo hace resulta que cobra la vista de noche, resulta que la primera cosa que mira es una estrella y admirando el brillo de esa estrella se dice: este es el sol, que yo así imaginado lo tengo; y esta es la admiración que me ofrece mientras sale el verdadero sol y le escurece. Por eso, yo me pregunto: ¿ofenderá una estrella que se va, a todo un sol que amanece? Así yo, que ciego vivía de amor cuando no te amaba —cierra su argumento don Félix—, ciego imaginaba cómo aquel amor sería.

Con esto nos va encantando y enredando ese fluir de la poesía de Calderón (de la Barca) donde nos vuelve a quedar clara su capacidad para complicar las cosas como en este caso con la entrada o salida que hay en la casa de Laura con dos puertas, porque, efectivamente, es mala de guardar si lo que hay que guardar es la virginidad de las doncellas, como procuraban hacerlo en esos tiempos.

Don Félix es el hermano de Marcela (Marian Gajá) y es amigo de Lisandro que, a su vez, está enamorado de Marcela —sin saber qué relación guarda con su amigo. Desde que la conoce ella va con la cabeza cubierta con un velo y así se va tejiendo el toma y daca entre las damas y sus criadas y también entre los amigos hasta que llega un momento en que se confunden y creen que “ella” —la que cada quien desea y ama—, no es “ella”, sino la “otra” y como a Calabazas le prohíben abrir la boca, mejor se dedica a holgarse y ojala que un día le liquiden los servicios enlistados con el debe, sin nada de haber.

¡Viva Calderón de la Barca! —gritó uno de los asistentes en una porra nunca antes escuchada—, mientras aplaudía como lo hacíamos los demás agradecidos de una función deliciosa. Como este será el último fin de semana que la ponen en escena en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque (sábado y domingo a las13:00 horas), les sugiero que, si pueden, no dejen de verla, porque es magnífica esta comedia que fluye entre risa y risa.