Espías, héroes o falsificadores en el Tamayo

El Universal, La Guía del Ocio,viernes 24 de septiemre, 2010.

(Tina Modotti en la azotea, fotografía de Edward Weston, 1923). La investigación hecha por Magali Arriola, curadora del Museo Tamayo, se presenta este sábado como Un lugar fuera de la historia, una exposición con varios atractivos y no sólo el material que presenta ni los artistas que la componen, sino la perspectiva que nos ofrece y que tiene que ver con el mundo del servicio secreto o de la resistencia, en donde el oficio exquisito de los artistas se ha convertido en un arma para luchar en medio de las situaciones históricas que los rodeaban.

Por eso, podremos conocer tanto sus infortunios y reveses de algunos de estos personajes de leyenda que ahora nos enteramos actuaron como agentes secretos detrás de la máscara de las artes de las que se sentían ufanos. Ese es el caso de Tina Modotti, Domingo Malagón, Anthony Blunt o Han Van Meegeren —un gran falsificador de Johannes Vermeer van Delft—, donde llevaban a cabo sus operaciones encubiertas en esas agencias veladas poniendo en juego su verdadera identidad y autoría, la autenticidad de su obras o la gloria y la infamia, evidenciando las convergencias o desfases entre la práctica artística y la actividad política, utilizando sus habilidades como herramienta para el activismo o la resistencia o para el armado de una historia que a veces parece estaba escrita de antemano.

Para muestra, dos botones: de Tina Modotti se dijeron muchas cosas que conocemos a través de la biografía que escribió Elena Poniatowska, Tinísima, (ERA, 1992), donde rescata varios artículos publicados a la muerte de la fotógrafa, comentando el recalentamiento del “caso Mella” o de la extraña muerte del líder comunista asesinado en 1929 cuando iba del brazo con su amante. Más adelante, en otra nota, decían que (Tina) fue expulsada en 1930, acusada de conspiración e intento de asesinar a Pascual Ortiz Rubio... pero la expulsión de la italiana perniciosa se debió tanto a su actividad política como a su conducta personal licenciosa —tal vez se referían a lo que hacía con Edward Weston, el artista que la fotografió desnuda en 1923 y que se sabía que cuando llovía, se subían a la azotea desnudos, como si fuera un acto de purificación.

También se decía que su primer esposo falleció porque sabía demasiado. En otro artículo —dice Elena—, se presenta la imagen de una mujer depravada y peligrosa mezclada en varios asesinatos al servicio de los fascistas italianos y en La Prensa aseguraban que Tina tenía un pasaporte gracias a los favores de Mussolini. En fin, con Tina hay tela de donde cortar.

Este tipo de relatos podrían ser parte de la exposición, un especie de thriller, donde descubrimos que Domingo Malagón, miembro del Partido Comunista Español (PCE), falsificador y héroe silencioso que, con su capacidad artística, desafió toda clase de peligros desde que se quedó huérfano de padre para tener una adolescencia republicana y una juventud miliciana en la guerra civil y de ahí, al exilio en Francia en medio de los peligros de la ocupación alemana.

Desde su puesto como un oscuro militante, vivía de casa en casa, de habitación en habitación, sin tiempo para dedicarse a una familia más que de una manera clandestina, pero desde que estudió Bellas Artes demostró ser capaz de organizar y dirigir el equipo de falsa documentación del PCE —en lugar de pintar y exponer sus cuadros en muesos o galerías— y añorando eso, hace a mano, con lujo de detalles, técnicas y cuidados, cada uno de los miles de pasaportes, carnés de identidad, cedulas, salvoconductos con la tinta china y pincel, llegando a desarrollar técnicas inauditas para conseguir que los camaradas que tuvieran que cruzar la frontera lo hiciesen bien documentados.

Estos son de los espías, héroes o falsificadores que también forman parte de las Microhistorias y macromundos publicadas por el Museo Tamayo donde se tratan algunos aspectos representativos del arte contemporáneo internacional.