La marquesa salió a las cinco

El Informador, Tertulia, sábado 25 de septiembre, 2010.


(La obra de Jorge Méndez Blake en el Tamayo). El Museo Tamayo de la ciudad de México inaugura hoy una exposición que abre fuego en tres frentes: uno, con una curaduría de Magali Arriola convertida en thriller, donde nos enteramos de las vidas de varios artistas, falsificadores o agentes especiales en Un lugar fuera de la historia, con héroes o villanos como Tina Modoti, Domingo Magalón, Haan van Meegeren, entre otros; el segundo frente está a cargo del tapatío Jorge Méndez Blake, con su biblioteca imposible o La marquesa salió a las cinco, frase que Paul Valéry afirmaba que nunca utilizaría pues se proponía caricaturizar los excesos de la novela realista, pero que André Breton la usó en su Manifiesto del surrealismo (1924) y para Mauriac fue el título de una de sus novelas (1961); el tercer frente es Este tú, una obra de arte situacional de Tino Sehgal y una verdadera sorpresa para los transeúntes.

Jorge Méndez Blake es uno de los capetillos, como les dicen a este grupo de artistas tapatíos, guapos, de buena familia y muy exitosos, que circulan por las galerías de Londres, París o Berlín, que incluye al que expone en el Tamayo, junto con Gonzalo Lebrija, Francisco Ugarte y Fernando Palomar, entre otros.

Sofía Hernández Chong Cuy, la directora del Tamayo quiere que el público conozca y se acerque al acervo del Museo y, para eso, ha preferido darles alas a los artistas para que vuelen y plumas para que adornen sus ideas. Por eso, Méndez Blake, interesado desde hace tiempo en los libros y las bibliotecas, construye una que es prácticamente imposible y para eso construye algo que aparenta ser una de ellas y, al mismo tiempo, por sus características irregulares —estantes vacíos, libros colocados a una altura que los hace inalcanzables, sugiere la imposibilidad de brindar estos servicios y de pasada nos habla de quién era Tamayo —más artista que lector— construyendo en escena esos estantes de madera y localizando sobre, debajo o detrás y alrededor de ellos, las obras de arte de la colección Tamayo como la Yerba (1972) de Hiroshi Okada y el espectador, no sabe si reír o llorar. pues el acervo bibliográfico es transparente y lo que realmente existe, como era la idea principal de Sofía, son las obras de arte que forman una colección tan valiosa que ahora volvemos a ver con deleite, fuera de contexto pero dentro de su propio ámbito.

Mientras, Tino Sehgal (Londres, 1976) nos muestra su obra efímera o situaciones construidas, interactuando entre los espectadores y los intérpretes: una mujer le canta y le regala su canto según lo que le inspire quien se le acerque y punto, tres frentes tres y el arte en plenitud como divertimento y generador de ideas imposibles o efímeras.