La otra cara del cura Hidalgo

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 10 de septiembre, 2010.

(Demián Bichir como el cura Hidalgo). Hidalgo: la historia jamás contada es una película afortunada que nos muestra a un cura Hidalgo lúdico, irreverente, lleno de vida, un hombre que tenía la capacidad de ponerse en el lugar de los demás y que amaba el teatro. El subtítulo habla del contenido de este trabajo realizado que hemos tenido la oportunidad de verlo. Es una obra que dirige Antonio Serrano, la ambientación, que no podía ser mejor, es de Brigitte Broch (la que ambientó Mouline Rouge hace unos años); apreciamos las locaciones en Morelia, Querétaro y San Luis Potosí, la calidad fotográfica de Eduardo Villanueva es, en verdad, como pocas veces se ve en la producción nacional y el reparto con Demián Bichir y el bombón de Ana de la Reguera es de primera. ¿Qué más podemos pedir?

Se estrena el próximo 16 de septiembre esta historia desconocida excepto por una vaga reacción que pude tener hace años cuando vi de cerca un extraño y pequeño retrato en su juventud que estaba en la sala de la Independencia del Castillo de Chapultepec, el único en el que realmente había posado —según el experto—, alegre, juguetón, vestido con chaparreras y un sombrero de alas anchas, sonriente y animado como queriendo pelear, tal como ahora lo interpreta Bichir en esta película.

No tenía la menor idea de su amor al teatro y, en particular, de las obra de Moliere y fuera de los estereotipos que nos han refregado desde el kinder, supe de su estancia en Guadalajara en 1811 porque un pariente lejano —José Ignacio Cañedo (1777-1815)—, lo apoyó días antes de la batalla en el puente de Calderón y días después de la matanza de los españoles por el torero Marroquín en la barranca de Oblatos. Por ese apoyo y por los servicios ofrecidos a la insurgencia, le confiscaron la Hacienda del Cabezón en Ameca.

El esfuerzo para financiar la producción y realizar esta obra fue tremendo, aunque tuvieron varios apoyos, entre ellos el de BBVA-Bancomer Fundación Cultural y el de Conaculta, entre otros, aunque contaron con el trabajo profesional de Ina Payán y, en un momento dado, de su padre Carlos Payán, un viejo y querido amigo que se ha convertido en el rey Midas de la producción cinematográfica y televisiva quien, con su presencia y apoyo, convirtió el guión de Leo Eduardo Mendoza y la dirección de Serrano en un buen ejemplar del séptimo arte, donde nos muestran esa cara lúdica del cura, en contraste con la represión de la Iglesia y de los realistas hasta el final de su vida —que, en realidad, es el principio de la película— de ese hombre envejecido y derrotado que espera su turno para ser fusilado en su celda del Hospital Militar de Chihuahua (1811) y mientras, recuerda su vida jamás contada de su juventud, cuando estaba en pleno ejercicio de su vida, como el sol que sale a relucir después de haber estado oculto por las negras nubes del poder eclesiástico, para relucir mientras dura la película, sobre todo, cuando estuvo de cura de la parroquia de San Felipe Torres Mochas.

Hidalgo, irreverente y lleno de vida —de otra manera no podría haber dado el grito—, sensible, cachondo, conoció la explotación y la discriminación en esa parroquia y, por eso, fue elaborando sus ideas para dar el grito y emanciparnos. En su parroquia decidió montar el Tartufo de Moliere —otro espejo de su realidad— y, por eso lo vemos traducir, montar, ensayar y actuar, al tiempo que conoce a Josefa Quintana (Ana de la Reguera), para ofrecernos un buen taco de ojo.

Sin duda, Hidalgo: la historia jamás contada es una película de primera con una tan buena producción que la historia que nos cuenta de ese ser humano logra mostrarnos con precisión, la otra cara de la medalla de este personaje.