miércoles, 6 de octubre de 2010

La luz dorada en lo profundo del Rin

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 8 de octubre, 2010.


(La puesta en escena del MET). El sábado 9 de octubre inicia la temporada del Metropolitan Opera House con sus transmisiones en vivo y en directo del escenario de Nueva York a las pantallas de alta definición del Auditorio Nacional de la ciudad de México y en las del Teatro Diana en la ciudad de Guadalajara, iniciando con El oro del Rin, un Prólogo de 163 minutos y primera parte de la tetralogía del Anillo de los Nibelungos, la obra monumental de Richard Wagner (1813-1883) que ahora se ponen en escena en el MET con una producción impresionante.

Todo lo que forma parte del ser humano está en las fuentes que utilizó Wagner para componer su obra como fue la Canción de los Nibelungos, un poema épico en donde conocemos varios asuntos que tienen que ver con el poder, la ambición, la venganza y la política de una simple pero trágica historia donde Siegfried —el héroe— llega al poder por su propio esfuerzo hasta que es aplastado por la elite política.

Tal vez está basada en un hombre que se equivocó atacando al reino de Borgoña, que estaba en la parte alta del Rin y cerca del poblado de Worms, una antigua ciudad celta que era la sede del esplendor del reino borgoñés donde gobernaba Günther como rey.
En este prólogo se roban el oro del Rin para fundir una parte y hacerse un anillo con poderes extraordinarios. Wagner nos lleva al amanecer de ese mundo prístino —después del caos y la oscuridad—, donde hay unas nereidas juguetonas que cuidan del tesoro en la alta Germania, que no era otro que la luz del Sol que se llega hasta la profundidad de sus aguas y que habían confundido con el oro del Rin.

La misma profundidad como a la que llegan los símbolos que tienen que ver con nuestro origen: el agua del vientre antes de nacer a la luz de la historia y ponernos a nadar rumbo a la madurez para ser coronados.

De pronto aparece el adefesio libidinoso de Albreich para violar y robar el tes-oro-del-Rin y que de una vez por todas nos enteramos que, en este mundo, cohabitamos con el lado oscuro de la vida. El anillo fundido con el oro del Rin y sus poderes sobrenaturales son los que dan el paso a las acciones que la ambición busca y, por eso, se inician las batallas por el deseo de poseerlo.

Wotan es un dios a imagen y semejanza de los hombres que ha perdido un ojo para conquistar a Fricka su mujer que sueña con una mansión para los dioses, el Wallhala: una mansión encumbrada en las alturas para, desde allí, provocar tormentas. El sueño se convierte en realidad y hay que pagar a los Gigantes por su construcción que le exigen lo haga con el oro del Rin, con todo y el anillo o, si no, se llevan a la diosa Freia, la fuente de la eterna juventud.

La verdadera emoción de la épica no es saber lo que pasa al final sino cómo y por qué sucede todo lo que sucede hasta que el héroe y toda una dinastía son brutalmente asesinados.

Este poema narra cómo es que estuvieron a punto de extinguirse las tribus germánicas —después conocidos como los nibelungos— de la Borgoña cuando se enfrentaron a las tropas romanas en el 430 y empezaron sus leyendas orales que luego alguien transcribió en el 1200.

El anillo le otorga al hombre que lo porte superpoderes, como la corona de los reyes medievales o como el anillo donde se genera la vida o como la sabiduría del rey Salomón o como el anillo que Porcia que le da a Bassanio en El mercader de Venecia como símbolo de fidelidad, tal como lo hacen ahora los recién casados y que Wagner lo inmortalizó con ese otro anillo del Rin que, cuando es robado, los superpoderes se convierten en maldiciones, el amor en odio y la vida en muerte.