Desde Londres: un espectáculo visual poético

El Universal, La Guía del Ocio, viernes 19 de noviembre, 2010.

Hace poco más de un año, en julio del 2009, tuvimos la oportunidad de ver Fedra de Racine en una puesta en escena del London National Theater transmitida a las pantallas HD del Lunario —a un costado del Auditorio Nacional—, una obra en donde Helen Mirren tenía el papel principal de Fedra, la esposa de Teseo que mantenía relaciones incestuosas con Hipólito, su hijastro. Encantados de ver esa obra como si estuviéramos en Londres, con esa actriz que sabíamos había llorado en el Teatro Epidauro después de la función, a la media noche, en su camerino, pálida y sin maquillaje, como si estuviera muerta, mientras le daba de sorbos a su té. Como pocas veces en nuestra vida puede suceder, le había entrado por el alma la esencia de la tragedia griega.

Esto es lo más cercano al teatro virtual que hemos experimentado y por eso, estamos felices de saber que viene otra tanda de obras con diferentes expectativas. El martes 22 a las 20:00 horas transmiten A Disappearing Number de Simon McBurney; en enero, una nueva versión de Hamlet con Rory Kinnear como el príncipe de Dinamarca y la dirección de Nicholas Haytner; para febrero, el musical Fela! y luego habrá un Rey Lear con Dereck Jacobi en ese papel.

A Disappearing Number es un espectáculo visual poético preparado Simon McBurney y Complicite, su compañía de teatro experimental fundada en 1983 junto con Annabel Arden y Marcello Magni, en donde parece que han integrado —en una especie de coreografía poética— dos historias relacionadas con el genio, la discriminación racial y el exilio, de dos vidas paralelas: una la del genio de las matemáticas como era Srinivasa Ramanujan (1887-1920) de Madras y el músico Nitin Sawnhey (1964-), nacido en Kent, donde estudió piano, guitarra clásica y flamenca, sitar y tabla; después de haber asistido a la Escuela de Matemáticas de Sir Joseph Williamson y haber sido víctima de la persecución racial por parte del National Front, mejor se dedicó a la música.

Este es el hilo conductor que le permitió a McBurney y Complicite hacer esta meditación sobre el amor, las matemáticas, junto con el dolor del exilio y la discriminación, en esta época en donde creemos que podemos vivir donde queramos, sin importar dónde hemos nacido, ni de qué color somos.

Los comentarios de Jennifer Farrar nos orientan un poco más sobre esta puesta en escena: no cabe duda —dice la periodista— que las ideas abstractas también nos informan, sin esfuerzo alguno, del drama humano. En esta obra, el todo es mayor que la suma de cada una de sus partes. En The Examiner publicaron que es “brillante y milagrosamente fluido en donde el teatro supera a las matemáticas y mientras éstas se burlan de nuestro cerebro, se nos rompe el corazón.”

A los siete años Srinavasa Ramanujan les recitaba a sus compañeros las fórmulas matemáticas y el resto de los decimales de π (3.1416...) hasta que se cansaban; en 1912 lo animaron para que mandara sus trabajos a tres distinguidos matemáticos ingleses y sólo G.H. Hardy, profesor de Cambridge, quien estuvo a punto de tirar a la basura lo recibido, decidió revisarlo con su amigo John E. Littlewood para darse cuenta que estaban frente a una obra de un genio. Invitado por Hardy, trabajaron juntos en Cambridge. En 1917 fue admitido a la Royal Society de Londres y al Trinity Collage: era el primer indio que lograba este honor. Tres años después, este frágil hombre de ciencia, moría lejos de su Madras natal.

Esta historia entrelazada con la música de Sawhnaey, más la capacidad de McBurney de integrarlo todo en una coreografía, son los elementos con los que se construye y arma este espectáculo que podremos ver la semana que entra en una experiencia más del teatro virtual.