viernes, 26 de noviembre de 2010

Llorando guerras o cantando amores

El Informador, Tertulia, sábado 27 de noviembre, 2010.


(Miguel de Cervantes). En la versión de la Feria Internacional del Libro (FIL) 2010, los invitados de honor han sido las regiones de León y Castilla que tienen la característica de haber sido la cuna del español que ahora hablamos, gracias a la actividad que desplegó en el siglo XIII el rey Alfonso III, el Sabio, un hombre que se dedicó a promover los estudios sobre el castellano y a publicar toda clase de traducciones que nos podemos imaginar, en esto que ahora llamamos Español.

Alfonso X, el Sabio era el hijo y sucesor de Fernando III, el rey que unió las coronas de León y Castilla y que llevó la reconquista cristiana hasta la frontera misma del reino de Granada —tal como lo menciona Antonio Alatorre en Los 1001 años de la lengua española. Un rey que dejó aun lado su acometividad guerrera para dedicarse a promover la cultura. Decían que de tanto observar los movimientos celestes, nunca veía lo que sucedía abajo en la tierra.

Conocíamos algunas de sus Cantigas, pues hace años Eduardo Mata las ensayaba en Morelia —en el Festival Internacional de Música que ahora celebran con Anne Sophie Mutter al violín—, y escuchábamos esa versión de las Cantigas, compuestas del cubano Julián Orbón (1925-1991). Era el mes de julio de 1991 y lo que interpretaba el Cuarteto Latinoamericano con Lourdes Ambríz eran las Tres Cantigas del rey escritas en ese idioma en gestación, más cercano al mozárabe y al portugués, como el usaban para escribir y cantar su poesía y que apenas entendíamos: A creer devemos que todo pecado / Deus pol a sa madre vera perdoado / Por end’ un migrare vos direi mui grande / Que Santa María fez e ela mande...

Y desde entonces conocimos lago de eso que hablaban en el siglo XIII allá, la bella Valladolid —capital de los reinos de Castilla y León—, para que poco a poco fuera tomando forma el español hasta ser aceptado por los poetas el siglo XVII, el famoso Siglo de Oro, para escuchar los lamentos de Cervantes en uno de sus cantos del Viaje del Parnaso cuando nos confiesa que Yo que siempre trabajo y me desvelo por parecer que tengo de poeta la gracia que no quiso darme el cielo... Y más adelante, lo reconocemos cómo en la vida lloramos guerras o cantamos amores mientras la vida como en sueño se nos pasa o como suele el tiempo a los jugadores.

Por todo esto les damos la bienvenida a los representantes de León y Castilla que vieron nacer, entre otros, al manco de Lepanto que en la naval dura palestra, había perdido el movimiento de la mano izquierda, para gloria de la diestra.